domingo, 18 de febrero de 2018

Y LO TITULARON.... "HOMENAJE"

Qué cosas tiene la vida. Los aficionados y el mundo del toro en general quieren rendir un merecidísimo tributo a quien ha sido, es y será por los restos uno de los personajes con más grandeza que ha dado la Tauromaquia en toda su historia, un señor que tomó el mando, hace algunas décadas ya, de una vacada que a punto estaba de ser apuntillada en la oscuridad de un matadero, y que consiguió relanzar a lo más alto de la cabaña brava gracias a su esfuerzo, sudor, trabajo, constancia, sacrificio y hasta sangre, pues ese señor a punto estuvo de perder la vida en las astas de uno de los toros que criaba. Y todo, con un único fin: el de emocionar. Emocionar a través de la bravura, casta y personalidad  propia de sus toros. Emocionar en todas y cada una de las tardes que sus toros herrados a fuego con una A coronada han sido lidiados. Emocionar en todos los tercios de la lidia, desde que se abría el portón de toriles hasta que el burel era arrastrado al desolladero, de principio a fin. Emocionar, palabra que, si se le atribuye a los toros de don Victorino Martín Andrés, es antonomásica cuanto menos. Y paradójicamente, y con gran dolor y pesar se dice, de emoción es lo que ha carecido la corrida que ha servido de "homenaje" a tan importante ganadero, una corrida que, salvando de la quema al tercero, ha carecido de fuerzas, poder, casta, y no digamos bravura... ¡¡Qué ruina, y qué dolor ver a los legendarios victorinos de esta forma!! Flojitos hasta el punto de ir bien servidos muchos con un solo picotazo; de embestida suavona y empalagosa, muy lejos de aquellos cárdenos de fieras embestidas y que buscaban los tobillos como si se les fuera la vida en ello; dando la sensación de ser pensados para las paparruchas esas modernas del se torea mejor que nunca y tal...  Y en el tendido, los presentes esperando con una ilusión que se fue diluyendo conforme transcurría la corrida a que saliera algún cárdeno o algún entrepelado de aquellos que hicieron a Victorino un afamadisimo ganadero. Lo más parecido a eso pisó el ruedo en tercer lugar, y tomó dos varas en buen sitio y bien pegadas por parte de Germán González, y en las cuales el animal, pues cumplió. No regaló las embestidas a Emilio de Justo, quien derrochó voluntad y firmeza ante tal ejemplar, pero dejó patente que para desarrollar plenamente el buen concepto que deja entrever dentro de sí, le hace falta contar con más bagaje. Le costó a de Justo acoplarse al animal, para ello consintió mucho y tragó unas cuantas coladas, y entre tanto surgieron sueltos algunos muletazos mandones que, unidos a una serie con la mano derecha de mucho poder para finalizar la faena, hicieron que se vivieran los momentos más emocionantes de toda la tarde. Cortó una oreja Emilio de Justo a este ejemplar.
Otro toro que tuvo algunas cosas fue el cuarto, el cual empujó con presteza y buen son en la única vara que tomó, no consintiendo Curro Díaz, a pesar de la aclamación del respetable, una segunda entrada al caballo, no fuera a ser que le cobraran por ello. Precisamente Curro Díaz hizo caso omiso también, durante la faena de muleta a este nobilísimo y empalagoso ejemplar, de las recriminaciones que desde el tendido recibía por no ponerse en el sitio y pegar trallazos hacia fuera. Faena muy larga y cuanto menos ventajista la que realizó Curro, muy pinturero y elegante, sí, pero carente de toreo y verdad. Mató además de estocada en mal sitio, y las protestas ante la concesión del despojo no tardaron en aflorar. No menos mentiroso estuvo ante el toro que abrió plaza, un torito que con un picotacito tuvo más que suficiente, y que aun así le costaba mantenerse en pie. Soso y noblote como quien más, la faena que Curro le realizó fue de alivio y sin demasiadas apreturas, para no variar.
Y luego estuvo por allí, sin pena ni gloria, Daniel Luque, quien acaba de añadir dos toros más a su cada vez más extensa lista de los que le quedan para ser figura, y que ahí sigue en la espera, el hombre. Un torito flojo fue el segundo de la tarde, al cual le bastó con un rasponcito de nada por parte del picador, y con el que Luque, pinturero y reposado, se pasó por la periferia con despaciosidad y sin alma. Con el lisiado quinto abrevió sin más.
La tarde ya estaba completamente en el suelo cuando salió el sexto, que ni mucho menos hizo atisbo de levantarla. Más puso de su parte Emilio de Justo derrochando firmeza y gran disposición ante complicado ejemplar, pero sin llegar a hacer que la faena rompiera en momento alguno.

A la salida de la plaza los comentarios de los aficionados eran generalizados: ¿Qué ha sido de los victorinos? ¿Dónde quedaron aquellos toros duros y encastados que enamoraron a la afición? ¿Por qué cada vez son más habituales los toretes suavones y justos de fuerzas en esta vacada? ¿A dónde quiere llegar con su ganadería Victorino Martín García?  Y es que salta a la vista que albaserradas de la A coronada cada temporada que pasa están más irreconocibles, salvo contadídsmas excepciones. ¡¡Ay, si el legendario Victorino lo viera!!






domingo, 11 de febrero de 2018

ABUELITO ABUELITO, ¿QUIÉN ES EL JULI?

Esta historia comienza un día cualquiera y en un lugar cualquiera, siendo dos los protagonistas: un jubilado, quien pongamos que ronda los ochenta años, hombre bueno y sencillo que ha dedicado más de las tres cuartas partes de su vida en trabajar a destajo para darle a su familia una vida digna; y su nieto, quien no pasa de los seis años.

Sucede que el jubilado ha sido aficionado, mejor dicho es aficionado a esto de los toros desde que tiene memoria. No ha tenido otro vicio en su vida, de hecho. Jamás ha probado el tabaco, un chato de vino durante la comida es el único alcohol que consume, y no ha sido lo que se dice un apasionado del fútbol ni de ningún otro deporte. Lo suyo, lo que de verdad le alimenta el espíritu, además claro está de su familia, dice cada vez que tiene ocasión, es eso de los toros. Toda una vida viendo toros y casi cincuenta años como abonado de la plaza de Madrid, allí ha vivido grandes momentos en su vida de la mano de grandes colosos del toreo y todo tipo de ganaderías y encastes. Por ello, en los últimos tiempos siente con profunda tristeza cómo uno de los amores de su vida se degenera a pasos agigantados. Piensa incluso seriamente dejar de ir a los toros, no soporta el no conseguir reconocer eso que le enamoró cuando era crío. Prefiere vivir del recuerdo, pero aunque ya es mayor y ha visto muchísimo aquí, incluso nada menos que al Monstruo de Córdoba (de quien dice que aquello era grandeza aparte), el veneno que le corre por las venas no se lo permite. Aún, por lo menos. Y menos aún desde que su nieto pequeño, otrora protagonista de esta historia, ha empezado también a interesarse por los toros, y le pide constantemente que le lleve a la plaza, al campo, que le enseñe los muchísimos recuerdos que guarda en un armario de casa y que lleva coleccionando desde hace muchísimos años, y que, en definitiva, le hable de toros. Un buen día, el nieto, en una de esos prontos inocentes que le dan a los críos, se le ocurrió lanzarle al abuelo la siguiente pregunta:
  -- Oye abuelo, dime una cosa... ¿Quién es el Juli?
"Maldito demonio de chavea, la pregunta que me hace a estas horas de la mañana...", se dice a sí mismo el buen señor, quien el simple hecho de escuchar o leer ese nombre le corta la digestión.
  -- Es que, abuelo... Llevo escuchando desde hace tiempo que como él no ha habido otro en el toreo, dicen que es un torero muy poderoso y, además, mi amigo Ricardito, que su papá es muy seguidor del Juli, me ha dicho que hace poco le han dado una medalla por sus bellas artes, o no se qué...
Al pobre abuelo la vena del cuello se le estaba empezando a poner como el tronco de un alcornoque. No le gustaba ni un ápice escuchar si quiera ese nombre, el de Julián López Escobar "El Juli", a quien el pobre hombre le calificaba sin tapujos como "un bandido hecho pasar por torero". Detestaba cuanto menos introducir a semejante personaje en sus tertulias de toros, pero ahora su querido nieto, su ojo derecho de entre el total de siete nietos que el hombre tiene (pues ninguno hasta el momento se había interesado en absoluto por los toros) le preguntaba con curiosidad quién era ese torero. Así que el abuelo, después de respirar profundamente y sonreír con cierto aire de resignación, cogió a su nieto en brazos, lo sentó en su regazo y empezó a contarle...

-- Así que quieres saber quién es el Juli... Bien, pues mira, el Juli es una figura del toreo en la actualidad que tomó la alternativa hace casi veinte años. Recuerdo la primera vez que lo vi torear, fue hace muchísimos años, una tarde de verano que retransmitían por Canal Plus una novillada en Chinchón y en la cual participaban novilleros de la Escuela de Madrid. El Juli vendría teniendo entonces unos once años, no creo que tuviera más. Era un crío que no levantaba dos palmos del suelo, y le echaron un becerro al que hizo de todo. ¡¡De todo!! Lo toreó fenomenal con el capote, arriesgó mucho en banderillas y consiguió soplarle buenos pares, y no quedó atrás con la muleta... Vamos, que aquel mico los dejó a todos boquiabiertos a base de desparpajo, sobriedad y grandes maneras. ¡¡Cómo ilusionaba un canterano así!! Luego, tuvo que marchar a México, pues con esa edad aquí en España no podía torear, y desde allí seguían llegando noticias de que un grandioso torero se estaba fraguando... Y en cuanto tuvo la edad pertinente, volvió a España y tomó la alternativa... Y madre del amor hermoso, lo que vino después. En todos los rincones se hablaba de un torero que arrasaba en todas las ferias, como un huracán. No había plaza que se le resistiera... Excepto una. Y esa, hijo mío, ya puedes imaginar cual es.
Y es que cuando venía a torear a Madrid aquel chavalín del que tantas maravillas se hablaban por ahí, el batacazo que todos nos pegábamos era monumental. Él el primero, pues la realidad no era otra que un torero que se mostraba fácil y variado con el capote, sí, pero vulgar como el que más con las banderillas y muy pero que muy tramposo con la muleta... Una joyita, el niño. Pero lo más descoyante de todo era la que se liaba cada vez que el señorito pisaba por esta plaza, pues en los días previos a la corrida no se hablaba de otra cosa que no fueran decenas de toros rechazados por los veterinarios, trajín de camiones entrando y saliendo de los corrales... Y luego, tanto para nada, porque las birrias que salían de los chiqueros eran para echar a correr. Así que imagínate, con esas artes en Madrid, con lo que les gusta a los aficionados de aquí la seriedad y la pulcritud... ¡¡Pues como para no cogerle una inquina terrible a semejante mochuelo!!
Y ya, cuando la prensa tomaba cartas en el asunto, que era siempre, no te quiero yo contar... Porque una cosa que ha tenido siempre el Juli muy a su favor ha sido eso mismo: a la prensa, la cual no sólo tapaba todas y cada una de las fechorías que este individuo cometía, sino que además ¡¡nos culpaba a los aficionados de todo!! Siempre contra "los reventadores", que no le dejan hacer, que le hostigan y le acosan, que protestan toros "porque se caen pero no premian su bravura"...
-- Pero abuelo, si un toro se cae es porque no tiene fuerza, y si no tiene fuerza... ¿Cómo es posible que se se deba premiar la bravura?
-- Dios santo, hasta un niño de seis años se da cuenta de esto... En fin hijo, recuerdo ahora que hablo de la prensa, para que veas un ejemplo de lo que te hablo, de cuando el Juli se encerró con seis toros en pleno San Isidro, hace ya muchos años. Pues bien, tuvo que esperar al quinto toro para que el público empezara a echarle cuentas, porque en los cuatro anteriores nadie le hizo ni puñetero caso...
-- ¿Un quite? ¿Un buen tercio de banderillas? ¿Buena faena con la muleta?
-- No hijo, no... ¡¡Por encararse con los que le pitábamos por la tardecita que nos estaba dando!! Tócate los pies... Después de eso, todo lo que hizo en ese quinto toro se aplaudió y jaleó, y hasta le pidieron las dos orejas... Pero sólo le dieron una, y gracias. Pues después de todo eso, llega un juntaletras de esos afines al régimen julianesco y titula aquello como "Una gran victoria", volviendo a la carga en líneas sucesivas contra los aficionados, culpándoles de todos los males de aquella porquería de tarde. O si no, recuerdo también dos años después, en una corrida del Puerto de San Lorenzo, también en plena feria... Qué saldo de corrida aquella, seis novillitos escuálidos, amoruchados y plenamente tetrapléjicos. Pues bien, como puedes suponer, aquella corrida fue un escándalo mayúsculo y lo que mal empezó, peor acabó, claro está. La crónica de aquella corrida en uno de esos panfletos al servicio de esta banda de antitaurinos exculpó, como no puede ser a otra manera, a su amo Julián, y por supuesto a la otra figura del cartel, de quien para no hacer sangre que no viene a cuento obviaré su nombre, pero tuvo también mucho que ver en todo ese fregado, y alegó que "es que el día de antes se lidió un corridón de no sé qué ganadería, seis mostrencos como seis soles, que dejaban a la altura de los ratones a los del Puerto de San Lorenzo de aquella tarde". Vamos, cualquier cosa, por muy ridícula que sea, es válida para tapar las muchísimas artimañas de este hombre. Siempre la prensa maquillando y tapando todo, y el que se atreva a cuestionar la excelencia del tal Don Julián,  se le tacha de reventador, talibán, irrespetuoso y miles de cosas más.
En Madrid, ya te digo, jamás se le ha tragado. Por golfo, por sinvergüenza, por meter las narices más allá de donde le corresponde en sorteos y asuntos de corrales, por mentiroso, por tramposo, por ratonero, por...
-- Pero abuelo, ¿por qué dices que es tramposo y mentiroso?
-- Verás hijo, llevo más de sesenta y cinco años viendo toros. He visto torear a Manolete, a Domingo Ortega, a Pepe Luis Vázquez; he sido testigo en directo de todas y cada una de las puertas grandes de un coloso como el Viti en la plaza de Madrid, me he emocionado tantas veces como me he cabreado con un genio de la talla de Curro Romero... Y con todo eso y mucho más, sé cuando un torero va de verdad, y cuando quiere engañar. Un torero va de verdad, de primeras, cuando no hace ascos a ninguna ganadería y ningún encaste; y ya delante del toro cuando escatima en las trampas del pico de la muleta para echarse a los toros fuera, no cargar la suerte o retrasar la pierna. El Juli es la antítesis a todo eso. No es que le haga ascos a algunas ganaderías, es que no se sale de las siete u ocho que tanto le gustan. Sin ir más lejos, en la próxima feria de Fallas no está incluido en los carteles porque o le dan la ganadería que quiere, que no es otra que su hierro fetiche, o puerta. Y así ha sido, puerta...
Luego está lo del destoreo, que es hacer todo al revés conforme mandan los cánones clásicos. Si torear es ponerse en el sitio y llevar al toro toreado y sometido trazando un semicirculo sobre el propio cuerpo, este tipo lo que hace siempre es quedarse fuera de cacho, y con un descaro enorme pegar el trallazo hacia fuera y escupir al toro con el pico de la muleta trazando una línea recta... ¡¡Y eso lo quieren hacer pasar como el se torea mejor que nunca!! El colmo de la paciencia... Bueno, y si yo le contara a un gran estoqueador que fue Rafael Ortega cómo hace para matar a los toros, le da un aire. Porque esa forma que tiene el Juli de matar, cuarteando y dando un saltito al final para meter la mano ya al paso de las banderillas, es infame y tramposa donde las haya, el perfecto resumen de su tauromaquia, vaya.
-- Oye abuelo, el otro día mi amigo Ricardito me contó que su papá el otro día estaba muy enfadado con un señor que se llama Néstor García porque dice que el Juli ha hecho mucho daño a...
-- Ah, ya sé a qué te refieres. Mira hijo, no puedo comentar mucho de ese tema porque no he leído el libro donde ese señor que dices se ha despachado a gusto. He escuchado comentarios de algunos amigos que sí lo han leído, y mi opinión es que el señor Néstor cuenta cosas interesantes, pero que tampoco viene a decir nada nuevo que no supiéramos del Juli...
--Dime una cosa abuelo... Yo te oigo muchas veces decir que cualquier día de estos dejas de ir porque estas cansado de que te tomen el pelo. Y la abuela dice que cada vez que vienes de los toros vienes amargado como la hiel y de muy mal humor... Si tantos disgustos te da, ¿por qué sigues yendo?
-- Porque en ese sentido tengo cierto orgullo de torero, hijo. Los toreros, la gran mayoría, dicen muchas veces "yo me iré cuando quiera, no cuando diga el público". Pues a mí me pasa parecido, pero al contrario: dejaré de ir a los toros cuando yo quiera, no porque me eche esta banda de antitaurinos que gobierna el toreo. Podría haber dejado de ir a los toros hace ya años, porque después de ver a tantos grandes toreros de tantas épocas diferentes, no creo que vaya a ver hoy día algo que supere a lo que yo he visto hace años, por mucho que la tontería esa de que a torea mejor que nunca haya cogido peso. Sigo yendo a los toros por dignidad de aficionado, porque tengo la firme creencia de que los toros y el toreo es algo muy diferente a lo que hoy venden como lo sublime, y mientras yo tenga fuerza y salud, seguiré pisando las plazas en defensa de esa creencia, como hacen tantos otros aficionados también cansados de tantísima matraca y tanto mentiroso.
-- Jo abuelo, qué grande eres...
-- ¿Por qué, por lo que te he dicho? Algunos, unos cuantos por desgracia, tomarán mis opiniones como una total falta de respeto a los que se ponen delante del toro, dirán que toree yo entonces, y muchas más paparruchas del mismo estilo. Como si los taurinejos de hoy en día respetaran a la Fiesta, al Toro y al aficionado... Y no, no me hace falta torear para demostrar qué es el toreo, me viene bastando con hablarles de Manolete, del Viti, de Camino, de los Bienvenida o de Andrés Vázquez, entre muchísimos otros...
-- Háblame a mí de ellos, abuelo...
-- Otro día con mucha más tranquilidad, hijo. Ahora ve a jugar fuera, que el abuelo tiene que ordenar algunas cosas.

lunes, 15 de enero de 2018

JOSELITO Y EL MULETAZO

"En el primer muletazo, cuanto más plana la presentas, más muleta ve el toro; por lo tanto es mi defensa, ya que si la presentas oblicua, dejas más hueco y hay mayor facilidad para que se te meta para dentro. Entonces en el primer muletazo citas con la muleta muy plana, pegas el muletazo, lo rematas y entonces, mi estado natural implica que la muleta se quede con un pelín de pico, más oblicua. A partir de aquí, ¿cuándo es defecto y cuándo es virtud? Pues si tú usas el pico para desplazarlo para fuera y para pasártelo por la M-50, creo que es un defecto. Ahora bien, si tú intentas exclusivamente enganchar al toro más delante, pasártelo cerca, metértelo para dentro y llevarlo más en circular, le das más longitud al muletazo y lo vacías mejor. Por lo tanto, en este caso, no creo que sea un defecto. Si tú la pones plana, pero le pegas el trallazo para fuera, tú habrás puesto la muleta plana pero has echado para fuera al toro; pero si la pones un pelín oblicua pero te lo metes para dentro... Entonces, ¿qué es más defecto?"

(...)
 

"Cargar la suerte no es echar la pierna para delante, sino apoyar todo el peso de tu cuerpo sobre la pierna de salida. Y hasta lo puedes hacer a pies juntos. Cargar la suerte es entregarse plenamente en el muletazo. Y hay casos en los que se echa la pierna para delante, sí, pero luego apoyan el peso del cuerpo para el otro lado, y eso no es cargar la suerte".

sábado, 18 de noviembre de 2017

LOS AFICIONADOS NO SE VAN, LES ECHAN

Qué gran idea esto de dar toros en el mes de noviembre en Madrid, para volver así a retomar aquello de La Oportunidad. Aunque tan solo fuera por un fin de semana y en la plaza de Carabanchel, pero qué fin de semana tan intenso aguardaba. "Habrá que ir", pensamos muchos frotándonos las manos al ver los carteles en los que se anunciaban dos clases prácticas y una novillada sin picadores que hacía las veces de Final entre los tres mejores del total de doce novilleros que se repartirían entre las dos clases prácticas. Si hasta se sentía ese nosequé en la boca del estómago que debe de ser lo que se conoce como ilusión... 

Pues nada, que llegó el viernes 17 de noviembre, y allá que nos vamos al Palacio de Vistalegre a dar cuenta del primer de los tres festejos de La Oportunidad, con sonrisa de oreja a oreja y las mariposas en el estómago que bien podían delatar las muchas ganas de toros que había. Uno llega a los exteriores de la plaza y con tan solo echarle un mero vistazo de arriba a abajo ya presiente que esto no empieza bien. ¿Qué puñetas hace una plaza de toros construida encima de un Corte Inglés, y cuya fachada, en gran parte, está rodeada de escaparates? Menos mal que en lo que se supone que es la puerta grande hay dos enormes esculturas que representan dos hermosos toros, que si no... 
Ya en los tendidos, una vez se ha accedido por lo que se supone que es la puerta grande (con aspecto de puerta de galería comercial y tamaño suficiente como para que el capitalista de turno tenga que arrastrarse como una culebra para sacar en hombros al maestro) la imagen es deplorable: de la cubierta de la plaza cuelgan gran cantidad de enormes focos, flashes y altavoces, y trazando un círculo en torno al callejón, también colgaban grandes cortinas negras que, de haberse llenado media plaza, hubiera tapado la visión a muchos espectadores de lo que acontecía en el ruedo. Supongo que con el fin de que en la foto no se viera que la entrada fue más bien escasa. "Hombre, más gente que en los mítines de Unidos Tampoco Pueden seguro que hay", se le pasó por el coco a un humilde servidor con cierta ironía y sonrisa malévola. Eso con poco, ciertamente. 

Y después de un sobrenatural esfuerzo por mentalizarse de que en verdad sí estábamos en una plaza de toros y no en una sucursal del Fabrik, Makumba o Kapital, llegó el momento de ver toros. 
Seis chavalines de distintas escuelas de España, secundados por sus cuadrillas y por un tiro de mulillas que más bien recordaba a la cabalgadura de Sancho Panza, trenzaron el paseíllo bajo los sones de una voluntariosa banda de música que retumbaba con estruendoso eco en tan indecoroso recinto taurino. Pura anécdota todo, en verdad, y más si nos ceñimos a lo estrictamente taurino. Porque este festejo de ayer sirvió para dar cuenta una vez más de que las generaciones de toreros que vienen arreando, salvo contadísimas, pero que muy contadísimas excepciones, son imitaciones perfectas del burdo y grotesco neotoreo que impera en la actualidad. Una ruina, en tan solo una palabra. 
Ya no es que estén poco toreados, tengan poco rodaje y sean tan solo novilleros que están empezando, no. Eso, que es lo que llega siendo la bisoñez, no es ningún pecado en quienes empiezan, ni mucho menos. Es más, forma parte de las cualidades que un chaval que está empezando en esto debe reunir. No es este el problema que ayer se vio y que me ha convencido para estar juntando algunas letras en este momento. El verdadero problema es, perdón si es repetitivo, el alarmante conocimiento y uso de las ratonerías, del ventajismo y del toreo 2.0 del que los que empiezan ya hacen gala. Es que a ninguno de los seis, pero ni uno, ni siquiera de casualidad, fue capaz de echar la pierna delante en toda la tarde. Ninguno de los seis dejó de ofrecer el pico de la muleta a la hora de citar. Ninguno de los seis hizo amago de torear en redondo, sólo trazar líneas rectas y rematar los muletazos hacia fuera. Ninguno de los seis colocado en el sitio, siempre fuera de cacho y pasándose a los novillos muy pero que muy lejos. Ninguno capaz de medir la faena y no pasarse de tiempo delante de la cara del toro. Eso sí, pendulazos, circulares, bernardinas, manoletinas de rodillas y todas esas cosas no faltaron. Que sí, que no deja de estar bien también todo eso. Pero si no se es capaz de interiorizar el toreo de verdad y sus cánones clásicos, ¿para qué?

Ya hablando en serio, ¿para qué sirve la Escuela? ¿Qué se aprende allí? ¿Qué transmiten los maestros en ellas, además de los tan archiconocidos valores de los que se hacen gala por ahí? ¿Acaso a quitarle la ilusión a los aficionados, que invierten su tiempo y su dinero por el gran afecto que les une a esto? Pues lo consiguen, desde luego que lo consiguen, porque a alguno se nos quitaron las ganas ayer de perder nuestro tiempo, y también nuestro dinero, en algo que no es lo que reconocemos como la tauromaquia a la que un día nos aficionamos.

"Esta no es mi Fiesta, mi Fiesta hace ya tiempo que desapareció. Esto es una pantomima", Me espetó al salir un buen amigo. Y es que una persona que ha tenido oportunidad de disfutar de colosos como Su Majestad, El Faraón, El Niño Sabio, El Gitano de Jerez o Diego Valor, entre otros; y a su vera siempre ha tenido quien le ha hablado de las bonanzas del Monstruo de Córdoba, El Paleto de Borox, El Rubio de San Bernardo o don Antonio, el del Papa Negro, poco se puede equivocar al decir que el toreo es otra cosa. 



ESTA NO ES MI FIESTA, MI FIESTA HACE YA TIEMPO QUE DESAPARECIÓ. ESTO ES UNA PANTOMINA. 



martes, 31 de octubre de 2017

EL QUITE

Ahora, el quite, suponiendo que se haga, es por chicuelinas (sin Chicuelo), o de frente por detrás (lo cual tiene que ser muy fácil, porque está al alcance de todas las fortunas. Es, como yo digo, las manoletinas de capa). Y eso, como damos a entender, suponiendo que se hagan quites, pues basta cualquier pretexto para desistir de torear, lo cual es explicable en vista de lo cortito del repertorio. En cuanto el toro sale suelto o, al contrario, tan atado que se le puede sacudir otro linternazo, el diestro prescinde de molestarse, y como nadie dice nada, pues..., ¡qué bien! Otras veces sale el matador con el capote a hacer que hace. Y ya saben ustedes la norma: en cuanto vuelve la cabeza para saber si el picador está puesto a punto, es prueba de que ya no va a hacer nada. Esta regla (y tantísimas otras), la he aprendido yo por mi habitual asistencia a los festejos en compañía del gran aficionado Adolfo Boallín, quien afirma que hoy se torea peor que nunca.
Ahora se dice que el quite no tiene razón de ser porque ya no existe peligro para los picadores (el picador es como si hubiera crecido, mientras el toro ha menguado), y lo cierto es que si, rara avis, hay una caída al descubierto, vienen ocurriendo dos cosas: o que los matadores, muy complacidos, ven hacer el quite a los peones, o que lo intentan ellos, en cuyo caso, generalmente, se las componen de modo que acaban por echar al toro encima del grupo que forman el picador y los monos, con lo cual el riesgo del primero ha disminuido, porque comparte el peligro con cada uno de los monos y, a veces, el toro, no sabiendo cual escoger para víctima, no hace nada por ninguno.

Antes no era así. Los quites se podían dividir en auténticos y ficticios; los primeros eran efectivos... ¡Cuántas veces, en el crítico momento de meter la cabeza, entre el piquero y el hocico del toro se interpornía el capote de Bombita, de Pastor, de Gallito..., venido no se sabe por dónde! Este verdadero quite, que no se ajustaba a las reglas de arte, sino que consistía en llevarse al toro con el capote a un terreno en donde no hubiese ni asomo de peligro. Este quite, cantado por poetas y literatos, era uno de los rasgos más grandiosos de la corrida. Los quites de la otra clase, si no efectivos, eran efectistas. Los toreros aprovechaban la oportunidad para lucirse y para entretener al público, estableciendo un artístico paréntesis entre vara y vara: una lonchita de jamón entre dos medias barras de pan de una especie de bocadillo. Era recomendable que en estos quites simbólicos se castigase poco al toro, y por eso resultaban indicadísimas todas las alegrías de la escuela sevillana: largas, revoleras, navarras, galleos, etc. Es decir, que hasta los aficionados serios, en quites, transigían con esta clase de toreo de adornos, por reconocer que estos estaban muy en su punto.
Se procuraba, repetimos, no castigar sin necesidad al toro; pero no había que cuidarlo, como ahora se dice, pues aquel tenía cuerda de sobra y no era producto de estufa como ahora (el verbo se las trae... ¿Ustedes se figuran a un duelista cuidando a un contrincante para que no se muera antes de tiempo?).
Claro está que no todos los diestros tenían que situarse en la escuela sevillana, y a los de otros estilos les estaba completamente permitido torear por verónicas, faroles, medias verónicas, etc, ¡bueno fuera! De todo ello nacía el contraste, este beneficioso contraste que se fue borrando poco a poco,  a la par que hemos venido recortando la fiesta, la cual se ha venido a menos, como sucedería al señor que fuese regalando fincas a sus amigos y, por tener muchos, se hubiese quedado ya solo con un mediano pasar, en lugar de su anterior grandeza.


 VEINTE TOROS DE MARTÍNEZ (LUIS FERNÁNDEZ SALCEDOQ)
Extracto que viene a colación de la famosa corrida lidiada el 3 de julio de 1914 en Madrid, en la que Gallito se encerró con 6 toros, más el sobrero de regalo, de la mítica vacada de Vicente Martínez. En aquella apoteósica y triunfal tarde, cuentan que José realizó la friolera de ¡¡26 quites diferentes!!

lunes, 16 de octubre de 2017

DESAFÍOS GANADEROS

De sobra son conocidas las múltiples trabas, muchas de ellas ridículas, que tienen que pasar las corridas y novilladas para que sean aprobadas completas en Madrid. Que si el peso, que si el tamaño, que si este tiene los pitones así o asá...

Dicen los ganaderos que para venir bien a Madrid, hacen falta tener preparados un mínimo de ocho toros, cosa que para las ganaderías que disponen de camadas largas no suelen suponer generalmente un problema demasiado grande (y si llegara a suponerlo, no tardarían los figurines en aparecer por allí salvándole el culo al ganadero en el último instante). Pero para ganaderías cortas las cosas son mucho menos amables aún para lidiar en Madrid, y si además a esto se le suma las condiciones de volumen y peso que algunos encastes llevan consigo, se le da otra vuelta de tuerca más a un asunto demasiado trabado de por sí.

Por suerte para esos ganaderos y también para los aficionados, en los últimos tiempos ha surgido un modo de facilitar que este tipo de ganaderías lidien sus toros en Madrid y los aficionados disfrutemos de unos hierros sobre los cuales muchos ya habíamos perdido toda esperanza en verlos en corrida de toros en la capital del Reino. Me refiero, claro está, a los desafíos ganaderos. Que hombre, no digo yo que no sea mucho mejor una corrida de toros con seis ejemplares de Hoyo de la Gitana; otra con otros seis de Juan Luis Fraile, más con seis de Raso de Portillo, seis de Valdellán, y así hasta recorrerse toda la cabaña brava. Pero ante las dificultades ya mencionadas, los desafíos ganaderos se convierten en un comodín muy apetecible para resarcirse de ver en Madrid estos hierros. ¿Que tales ganadería no dispone de toros suficientes para completar corrida en Madrid? Pues no es el mayor de los problemas, se completa una corrida entera con dos hierros diferentes, tres y tres, y el percal no deja de ser atractivo, ni mucho menos.

Los desafíos ganaderos de este pasado mes de septiembre lo confirman, siendo al final todo un oasis en un desierto de monotonía y ganaderías birriosas que tanto ha predominado en los últimos años. No solamente por el disfrute que supuso ver ganaderías que, por unas cosas u otras, ni en los mejores sueños hubiéramos podido disfrutar en Madrid con corrida de toros completa esta temporada (y algunas, en muchas temporadas); sino por la seriedad que se les ha dado y la buena organización de la que han dispuesto. Desafío en el sentido más estricto de la palabra, declarándose premiados el mejor toro, el mejor matador, el mejor picador, el mejor peón de brega y el mejor rehiletero. Para ello fue imprescindible darle a la suerte de varas todo el valor que merece, y en este sentido los toreros, gracias a los cielos, lo tomaron en serio. La Lidia completa volvió a adquirir sentido y todos los hombres de luces tuvieron la oportunidad de adquirir protagonismo, cosa que por desgracia solamente se le viene dando al que calza la taleguilla bordada en oro. Brillaron picadores como Juan Melgar, Ismael Alcón, Félix Majadas, Francisco José Agudo o "Patilla"; sobresalieron las colosales maneras capoteras de Iván Aguilera o Raúl Cervantes, por supuesto no faltaron Fernando Sánchez y Ángel Otero a sus citas con los palos; los matadores se prestaron, más que menos, a que todo ello fuera posible y a lucir a sus toros, destacando especialmente en este sentido a Gómez del Pilar ante Asustado, el bravo de Palha que tanto nos emocionó. Y lo mas importante de todo: hubo Toro. Quizás nos falló Hoyo de la Gitana, de la cual esperábamos muchísimo más, pero el resto de ganaderías respondieron y el comportamiento de sus ejemplares se asentaron sobre ese pilar fundamental de la Tauromaquia que es la casta.

Ante la difícil situación que viven muchas ganaderías para poder completar encierro en Madrid, y que además se extiende a los aficionados deseosos de ver ciertos hierros en esta plaza, se planta el modo de los desafíos ganaderos como un comodín muy atractivo para darle mucho más interés no solamente a la temporada madrileña, sino también al resto de plazas. Por muchos motivos, pero sobre todo por el amplio abanico que se abre a la hora de seleccionar el ganado.
En Madrid esta temporada ha salido bien, por lo que se espera que en temporadas venideras se amplíe aún más este tipo de festejos y podamos disfrutar de otras ganaderías que no lo tienen demasiado fácil para completar una corrida con seis toros en Madrid, caso de Pereira Palha, Miguel Zabayos, Valdellán, Prieto de la Cal, Vinhas, Felipe Bartolomé, Concha y Sierra, Raso de Portillo, y tantísimas otras ganaderías que tanto bien hacen a nuestra maltrecha Fiesta inhibiéndose de todas las paparruchas esas del borrego artista y apostando por el Toro de verdad.

Siempre, eso sí, que los franceses y sus ostentosas ganas de hacer las cosas bien de verdad nos lo permita, claro.


miércoles, 4 de octubre de 2017

VICTORINO MARTÍN ANDRÉS

Belador, Baratero, Borgoñés, Cobradiezmos, Pobretón, Murciano, Pocapena, Muroalto, Veraniego, Vengativo, Jaquetón, Gamberro, Matador, Colombiano, Pastelero, Conducido, Madrugador, Director, Molinito, Gallareto, Bodeguero, Gaditano, 1 junio de 1982...

Muchos nombres célebres, fechas, tardes, momentos de gloria, recuerdos, faenas, premios... Y un solo hombre. Gracias Victorino, gracias por tanto. Que la tierra te sea leve. 

lunes, 2 de octubre de 2017

ÚLTIMA DE LA FERIA DE OTOÑO: ADOLFADA NUESTRA DE CADA OTOÑO

"Corrida de Adolfo Martín para la feria de Otoño, da igual cuando usted lea esto", se dijo cuando se presentaron los carteles de esta feria de Otoño que ha finalizado hoy. Los toros de Adolfo Martín llevan dando el cante en Madrid, varias veces en una sola temporada además, desde hace varios años ya, y esta tarde no ha sido menos. Adolfada en toda regla la que se ha lidiado, compuesta por seis toros muy desiguales, unos más grandullones y otros más chicos, pero con un denominador común todos ellos: la pésima presentación que derrochaban y lo fuera de tipo que estaban todos. Y si a eso se le suma lo poco o nada que se emplearon en el caballo (salvo el segundo, el cual se empleó más y hubiera sido agradable verlo ir por tercera vez), la sosería que llevaban dentro y la falta de casta de la que han hecho gala, el resultado es el de un petardazo como no se conoce ni en las fallas de Valencia. Solamente el quinto tuvo nervio y era mucho más claro para el toreo, pero ni muchísimo menos salva un solo ápice este bodrio de tarde. Lo mejor de la tarde, ironías de la vida, fue que no se demoró más de dos horas.

La adolfada nuestra de cada Otoño vino a ser cabeza de cartel para lo que nuestro gabacho de gafas de pasta, vendehumos excelso, quería hacer pasar como un reñidísimo mano a mano (que se decía antiguamente); y a mí que alguien me explique, si tiene la amabilidad, qué puñetas pintaba ahí, en sustitución de un nombre importantísimo de la temporada, para medirse en un vis a vis con otro tío esperadísimo en Madrid y cuya temporada tampoco ha sido tontería, nada menos que... Juan Bautista. Y lo que es peor, pasando por alto a toreros que dieron la talla en los desafíos ganaderos de septiembre, como Venegas, Gómez del Pilar o quien fue declarado triunfador por aclamación popular, Javier Cortés. Pues no, a Juan Bautista, que... Que... Que... Que a saber. Monsieur Casas, usted ¿qué fuma, si se puede saber?

El mano a mano quedó pues, por cosa de los toros principalmente pero también por la de dos toreros que se contagiaron de sus oponentes, en una tarde de lo más tediosa. Juan Bautista pasó ante primero y tercero aseadito y sin demasiadas apreturas, pero eso sí posando muy flamenco y estirado, algo así como con musho jarte. Cosa que no hizo ante el quinto, el único de la corrida que sacó cierta gracia y picante en la muleta, y al cual espantó las moscas con una bonita colección de trapazos sin parar quiero por un momento. Y rápido a por la espada, provocando una fuerte pitada. Por cierto, que su forma de usar la espada y, sobre todo, el verduguillo durante toda la tarde fue, cuanto menos, vergonzosa. Y otros toreros con más necesidad, más motivos para estar y por supuesto mejores maneras, en casita viéndolas venir.

Lo de Ureña esta tarde se resume en un quiero y no puedo demasiado forzado. Tres faenas calcadas unas de otras a tres mojones sin gracia alguna a los que muleteó con menos gracia aún, siempre con la postura muy superpuesta y, lo peor de todo, muy pesado al alargar las tres faenas mucho más de la cuenta. No, definitivamente, tampoco fue su tarde.

Enorme fue la ovación que se llevó Pedro Iturrialde por ejecutar la suerte de varas vistosamente y plantarle la vara en todo lo alto al segundo toro las dos veces que entró. Tan fuertes fueron los aplausos que pareció que no hubiera plantado la vara levemente y la hubiera levantado al punto, dejando al toro totalmente sin picar. Tampoco sería justo no mencionar la solvencia toda la tarde del sobresaliente, David Saleri, siempre atento y bien colocado en el sitio que le correspondía.

Adolfada infame, como acostumbramos en los últimos tiempos por desgracia, y que seguramente no será impedimento para que el año que viene lidie otras dos corridas en Madrid, cuando lo único que merece es estar un tiempecito sin lidiar en esta plaza.

viernes, 29 de septiembre de 2017

FERIA DE OTOÑO: CUVILLOS PARA TOREAR

Don Álvaro Núñez Benjumea, criador por excelencia de lo que se viene llamando toro más bravo de la historia, y a quien no se le puede pedir que eche en ningún sitio un corridón de toros con toda la barba y de impresionante trapío, ni que vayan tres veces al caballo y se empleen como un toro bravo, ni que vendan cara su piel y sus apéndices ante los de luces. Así, por ejemplo y sin ir más lejos, a uno se le ocurre la corrida lidiada en el festejo correspondiente de la feria de Otoño celebrado esta tarde en Las Ventas, que ha sido un lote de seis toritos mal presentados por chicos y anovillados que, sin un ápice de casta ni de poder, sí han sido una delicia para expresarse y disfrutar, como se dice hoy en día. Pero a un altísimo precio que los aficionados exigentes no pasan por alto: el de no ser ni tan siquiera rozados por la puya.

Ofreció posibilidades de triunfo la corrida de Núñez del Cuvillo, y ante ellos por poco lo hace en esta tarde Paco Ureña, un buen torero a quien hay muchas ganas de ver saliendo en hombros de esta plaza. Demasiadas quizás. Cortó una oreja al inválido y boyante tercero tras una faena muy de menos a más. Empezó la faena Ureña con series de muletazos muy suaves y llevando al toro a media altura y sin someterlo por abajo a fin de que el animal no se fuera a pique, para ir subiendo poco a poco el tono de la faena y acabar dando algunos muletazos sueltos por ambos pitones que derrocharon ese estilo tan de verdad del que hace gala Ureña, y que en verdad suele dejar con las vergüenzas al aire a los que dicen eso de que se torea mejor que nunca. Detalles de buen toreo, en especial unos ayudados por alto muy elegantes para cerrar al toro y siendo rematados con un pase de la firma cadencioso y con muy buen estilo. Pero al asunto le faltó, sobre todo, Toro. Y también ser rematada la faena de una estocada mucho más decorosa que la estocada caída que al final quedó para la posterioridad, cosa que hizo que se escucharan protestas una vez ser concedida la oreja.
Con la puerta grande entreabierta, salió Ureña con todo a estoquear al quinto, pero no terminó de acoplarse a las embestidas este animal. Después de ser, literalmente, nada picado, el toro se vino arriba y necesitó de una faena de poder y sometimiento que nunca llegó. Trallazos, enganchones, tirones hacia fuera y, ante todo, falta de mano y de mando por parte de un Paco Ureña que estuvo firme y dispuesto a hacer el buen toreo que sabe hacer, pero totalmente desacertado. Desacertado fue también el uso de la espada, y como tuvo a gran parte de la gente muy de su parte, perdió el segundo despojo que le posibilitaría un triunfo que se hubiera antojado muy pequeño, dada la verdadera dimensión que este torero lleva dentro.

Sebastián Castella y Luis David Adame no consiguieron entendérselas ninguno de los dos con la corrida de Cuvillo. El primero dispuso de un segundo toro pastueño que iba y venía sin hacer un mal gesto, y de un cuarto  que también acusó el nulo castigo al que se le sometió en varas, siendo por ende un toro con complicaciones al que había que someter muy por abajo y acertar a llevarlo con temple. Y Castella, simple y llanamente, ni con uno ni con otro.

No digamos del confirmarme de alternativa Luis David Adame, de la inefable saga de toreros mexicanos con el mismo nombre, y que apunta a ser uno de esos pegapases del montón la mar de excelso. Suyo fue el lote más claro de toda la tarde, dos animalicos para ser toreados a placer y salir de Madrid ¡¡de Madrid, nada menos!!, en la tarde de su confirmación ¡¡la tarde de su confirmación, casi nada!!, con un triunfo gordísimo que le hubiera hecho un apaño bastante guapo de temporada 2018. Pero en cambio, se queda Luis David con la cosa de que se le fueron sin torear dos bombones tras dos faenas, calcada una de la otra, de trapazos fuera de sitio mientras los animalitos, sin maldad alguna, se le comían. Vamos, lo que se viene llamando torear como nunca se ha toreado, hablando de forma concisa. Pues nada, Habemus figura.

Gran ovación se llevó ese buen peón de brega que es Miguel Martín tras dos soberbios pares de banderillas.




FERIA DE OTOÑO: CORRIDA DE FUENTE YMBRO CON CIERTO INTERÉS

No ha sido uno de esos corridones de toros de los que uno sale deslumbrado por la casta, el poder, las buenas peleas en el caballo y la belleza de los toros, pero tampoco han sido moco de pavo los seis ejemplares lidiados en la cuarta de Otoño con el hierro de Fuente Ymbro. Seis toros de desiguales hechuras los del señor Gallardo, con sus cosas buenas, y también con sus cosas malas, muchas, como la mansedumbre o la no necesidad de ser excesivamente picados. Pero eso, ya se sabe, en la actualidad importa un comino y a día de hoy sólo se va a la plaza a ver cómo se pegan pases al mojón de turno, por lo que se podría decir que la corrida del señor Gallardo ha aprobado.

Una pena que los toreros de hoy, y muy en especial Morenito de Aranda y Joselito Adame, no tuvieran la inspiración en su punto álgido para aprovecharse de la condición de sus oponentes. Morenito ya se sabe que es uno de esos toreros "Guadiana", que aparece y desaparece de forma intermitente. Y en esta tarde, ante el lote más complicado de la corrida, ha estado más bien desaparecido. Medroso, sin sitio, inseguro y, a fin de cuentas, sin intención alguna de querer ver al primero, un toro al cual el subalterno Andrés Revuelta mostró con algunos capotazos espléndidos que el animal gastaba una embestida larga y por abajo. Hasta que Morenito cogió la muleta y empezó a espantarle las moscas de feas maneras, lo que hizo que el animal empezara a defenderse y parecer mucho peor de lo que demostró en los primeros compases de la lidia. Se lo quitó Morenito de enmedio sin darse mucha coba. Más dispuesto pareció salir en su segundo, pero igual de espeso y demasiado precavido a la hora de citar y de ofrecer la muleta. El animal se movió rebrincado y con feo estilo, puede que acusando el escaso castigo que recibió en varas, quizás por los trapazos a los que le sometió a los dos, o seguramente por un poco de todo. Tarde para el olvido la de Jesús Martínez.

Joselito Adame es de esa clase de toreros que coleccionan despojos a montones, pero si días después se le pregunta qué recuerda de la faena a quienes le pidieron la casquería y le jalearon eso de biiiiiiieeeeeeeeeenjjjjjjjj durante sus faenas, pone cara de póker. Hoy, podía haber sumado otra a la colección si no llega a ser porque en la presidencia reinaba la seriedad. Fue en su primer toro, segundo de la tarde, que derrochó dulzura y carencia de malas ideas mientras el matador lo pasaba con la muleta a medio kilómetro de distancia, presumiblemente para que no se le manchara el elegantísimo terno que calzaba. Eso sí, poniendo unas poses muy bonitas y elegantes. Pegapases, sí, pero con musho jarte, quede reflejado en acta. Pasaportó al bicho de un bajonazo muy elegante, que no fue impedimento para que asomaran pañuelos que, sumados a las ya clásicas triquiñuelas de los mulilleros para llevarse el aguinaldo, no fueron suficientes para que se llevara una oreja de verbena. Dio una vuelta al ruedo que fue mucho más protestada que aplaudida.
Ante el quinto, animal lo suficientemente nobilísimo para disfrutar, de nuevo el destoreo lineal y despegado de Adame salió a flote, junto con el aburrimiento del personal.

El otrora componente de la terna fue Román que, aunque sólo sea por pundonor y predisposición de comerse el mundo, no dio la misma imagen caótica que sus otros dos compañeros. Pero siempre en el sino de la Tauromaquia 2.0. Siempre Román al hilo, echando al toro fuera en cada muletazo y obviando eso que tanto emociona y tanta verdad le da al toreo como lo es cargar la suerte. Oreja del tercero después de una faena que derrochó tanta actitud y garra como vulgaridad, más las ya clásicas bernadinas que hicieron saltar los uys, pero nada de los oles. Oreja a la que pudo sumarse otra del sexto si no llega a ser por su mal uso de la espada. Faena a este animal, que también tuvo lo suyo, llena de altibajos  y muy a menos, siempre en el marco de esas toscas formas modernistas, contando además con el favor del público que ante todo deseaba aupar al muchacho sobre los hombros del capitalista de turno para irse por la Puerta de Madrid.

No fueron la panacea los de Fuente Ymbro, pero sí dieron un juego más que aceptable para que se toreara en esta tarde. Aunque cada vez nos falte menos para sentenciar "¿qué es eso de torear?".

miércoles, 27 de septiembre de 2017

FERIA DE OTOÑO: DE VUELTA A LA REALIDAD

Después de los festejos de días anteriores donde la presencia del Toro, con su casta, su poder, sus dificultades y sobre todo su gallarda y arrogante presencia sobre el ruedo, en la novillada correspondiente a la Feria de Otoño ha tocado darse de bruces con la realidad que impera en la Fiesta de los toros actual, véase el medio toro bobo, flojo y aborregado. Adiós pues a la casta, a la emoción, a la importancia de la suerte de varas y, con ello, el buen hacer de algunos piqueros; adiós también a las lidias poderosas de unos subalternos. En definitiva, adiós a la Fiesta de verdad. Digámosle "adiós, ha sido un placer" a todo aquello, que han vuelto los pobrecitos animales con la misma casta y fortaleza que un animalista intelecto. Otra vez pobres animales revolcándose por el suelo como croquetas, otra vez la suerte de varas un mero simulacro, otra vez las lidias de alivio y cuidados patológicos con intención de cuidar. Sí, bienvenidos sean de nuevo el tedio y los aficionados que piden la hora deseosos de largarse de semejante espectáculo.

Así ha sido la infame novillada de El Ventorrillo que se ha lidiado en el festejo correspondiente a la Feria de Otoño madrileña, y sobre la que está todo dicho. Un asco de encierro, decían muchos a la salida de la plaza, echando mucho en falta lo de días precedentes en los que el Toro de verdad sí estuvo presente. Y es que, aunque sea repetirse, SIN TORO NADA TIENE IMPORTANCIA.

Tal lote de seis adefesios fue despachado a estoque por tres de lo que se llama "nuevos valores del toreo", y que la verdad si estos son quienes en un futuro no muy lejano serán el pilar fundamental del toreo, un servidor se pira de aquí a explorar el centro de la Tierra. Ellos, Jesus Enrique Colombo, Leo Valadez y Carlos Ochoa han hecho gala durante toda la tarde de una vulgaridad y un pegapasismo que los deja como discípulos muy adelantados de esos que andan por ahí con las paparruchas de que se torea mejor que nunca y tal. Y oiga, que igual se harán ricos con la gracia y se hartarán a torear por ahí y a ser famosetes (que no es poco, no es poco...), pero, a fin de cuentas, uno se deja sus cuartos en esto para ver TOREAR de verdad y ver lidiarse un TORO de verdad, no para que otros se hinchen a ganar millonadas a costa de la dichosa gracia.

Colombo, con su alternativa en Zaragoza vislumbrándose en el horizonte, ha vuelto a dar una imagen de torero bullidor y pudoroso, aseado y desangelado en sus muchas intervenciones capoteras, espectacular y muy aliviado con las banderillas, además de versionar dos formas distintas con la muleta: la de novillero sobrado y frío ante la babosa primera, y la de incapaz pegapases ante el complicado cuarto, animal con cierta exigencia que acudía pronto a los cites y embestía humillado y con recorrido. No se acopló con él el chaval, que se atascó en una faena larga y tan rebosante de trallazos como de falta de poder. Lo mejor de sí, que es su buen uso de la espada, tampoco terminó de asomar en esta tarde, con una estocada de buena ejecución al primero pero cayendo trasera, y otra al cuarto perdiendo el engaño.

Leo Valadez, que también tiene su alternativa próxima en Zaragoza, un servidor le recuerda mayormente por ser aquel quien en un día no muy lejano se atrevió a cuestionar, alcachofa a dos centímetros del morro, la afición de aquellos que consideran de más orejas precedidas de bajonazos (bajonazos así casi tan infames como los dos de esta tarde, sin ir más lejos). Y mucho tememos algunos que será por lo único que le recordaremos dentro de un tiempecito. Novillero al uso por tedioso, pesado y muy vulgar ante dos novillos que no fueron ni mucho menos la panacea, pero ante los que, al menos, se podía haber estado un poquito decoroso, sobre todo con la espada. Suerte en su próxima alternativa, la necesitará.

A los dos alumnos aventajados del tema ese que hacen llamar mejor toreo de la Historia, se sumó en esta tarde un novel aspirante a entrar en la cunvre de la Tauromaquia 2.0: Carlos Ochoa, quien hizo el paseíllo montera en mano, y que mandará en esto sin ninguna duda, así como mandan The Maestros de quien seguro habrá copiado esas formas tan perfileras, fueracachistas, hacia fuera todo y lo suficientemente retorcidas y toscas como para hacer sangrar por los ojos a quienes lo contemplan. Todo eso fue su mejor carta de presentación en esta tarde, dejando claro que él admira por encima de todo a los ases de la Tauromaquia 2.0. Un novillo, el tercero, que muy poco o nada tenía dentro, y con el que estuvo ahí delante una eternidad haciendo gala de un estilo con el que el mismísimo Joselito el Gallo de Velilla, el señor don Julián como le hacen llamar sus adeptos, llegaría a llorar de emoción. Tres cuartas de lo mismo con el que cerró plaza, el cual ofreció algunas arrancadas empalagosas las cuales pasó por ambas manos a su forma, aburriéndose de él hasta el novillo, que si le hubieran enseñado a hablar también le hubiera pedido la hora.

En pocas palabras sobre la actuación de los novilleros, baste con decir que los tres acabaron con el vestido de torear tan impoluto como cuando se lo enfundaron antes de salir a la plaza, lo que dice mucho sobre lo que dieron en esta tarde los tres.
Y aunque suene a lo de siempre, pena de otros chavales con tantos argumentos, o más incluso, que los de esta tarde, y que se han quedado en casita. Ya se sabe cómo funciona esto.

Mañana, más.

lunes, 25 de septiembre de 2017

DESAFÍO JOSÉ ESCOLAR vs ANA ROMERO: TOROS 6 - TOREROS 0

"El encaste minoritario, es minoritario porque no embiste", soltó por la boca no muchas lunas atrás cierto personajillo del taurineo, empedernido fumador de puros (qué le echará a los puros, madre del amor hermoso y divino). Claro que, vistos los tres desafíos ganaderos que a lo largo de este mes de septiembre la gente de Plaza 1 ha tenido a bien de agasajarnos, podría decirse que quizás el ganaduros de turno tuvo razón aquel día. Y no soy muy de darle la razón a ciertos personajillos de este Mundo, pero las cosas claras y el chocolate oscuro. Minoritario, o mejor dicho, MARGINADOS, porque no embisten. Estamos de acuerdo. Pero le faltó sentenciar que "no embisten como la gente de la cunvre del escalafón quisiera para hacer la monserga esa suya llamada torear como nunca antes se ha toreado." De nada señor Ruiz.

En el tercer y último desafío ganadero, todo aquello se ha demostrado, aún más si cabe. Y ahí está el resultado: 6 puntazos para los de cuatro patas, y un cerapio la mar de hermoso para los tres señores del chispeante bordado en oro, discípulos adelantados de eso del mejor toreo de la Historia, o como quiera que lo llamen por ahí. Embestir, se puede decir que han embestido los seis, pero nada de borreguez y tontuna antibovina de esa para disfrutar una barbaridad, no señor. Porque hoy, otra vez, ha habido casta, y ya se sabe que la casta trae dificultades, problemas que solventar, peligro cuando no se hacen bien las cosas y, en definitiva, necesidad de lidiadores capacitados para dejar atrás las faenas pegapasistas tan de moda a día de hoy. No como los tres mozalbetes de hoy, que venían ya con la idea de preconcebida de torear como nunca se ha toreado. Y así, el resultado final del festejo ha sido claramente de seis a cero a favor de los toros. Lo obvio, si lo que se busca ante toros encastados es el toreo moderno consistente en faenas larguísimas, trapazos, cites en la oreja, y todas esas cosas que los borregos artistas tragan como si nada. 

Los toros, tres del señor José Escolar y otros tantos de la señora Ana Romero, apenas se han empleado con bravura y poder en varas. Tan solo en quinto, de Escolar, ha cumplido en las dos varas que ha tomado, aunque una vez puesto en suerte por tercera vez no ha querido ir. Sí se emplearon, de diversa forma los seis, en el último tercio. Abrió plaza un animal nobilísimo al cual le faltó un punto de chispa para terminar de emocionar, y ante el cual Iván Vicente estuvo un rato larguito dando muchos pases de nula calidad y menor enjudia aún. El segundo, uno de los toros de la tarde, ya en banderillas dejó entrever que iba a ser de lío. Y lo fue, vaya si lo fue. Muy noble, con casta y prontitud, así como embestida con el morro acariciando el albero, dejó a Luis Bolívar en paños menores, no siendo capaz este de templar y mandar sobre la embestida del animalito en ningún momento.
A la casta del manso tercero le vino de perlas la infame lidia a la que le sometió la cuadrilla de Alberto Aguilar. Miles de capotazos de cualquier manera, un desorden clamoroso durante la lidia y dos puyazos fortísimos en mal sitio fue en lo que consistió tal labor, llegando el toro al último tercio con más dificultades aún de lo que su casta ya ofrecía de por sí. Alberto Aguilar, descompuesto y con pocas ganas de hacer las cosas bien, basó su faena en trallazos a media altura y todo ello en los medios, cuando el animal sólo quería de tercio para dentro. Fue en esos terrenos donde el animal ofreció arrancadas en las que hizo surcos en la arena con el morro y embistió con carbón, mostrando así que fue un toro que mereció mucho más. A la hora de matar, se atascó aún más Alberto, y si no regresó el toro vivo al corral fue por la excesiva benevolencia de la presidencia. La bronca fue de órdago.
El cuarto, que hizo alarde de unas feas hechuras que en muy poco recordaban al tipo buendía, también tuvo lo suyo. Iván Vicente ante tal ejemplar ni quiso ni pudo. Mucho mejor se le dio eso de encararse con un aficionado que le reprochó su pésima colocación toda la tarde, cosa que desató algunas palmas y también unos cuantos pitos en señal de acuerdo total con la voz anónima.
El quinto fue otrora animal destacado de la tarde. Y también, el más completo, pues además de sacar casta y magníficas embestidas, fue el único que cumplió en el tercio de varas. Cumplió sin más, pero cumplió. Luis Bolívar salió más espoleado que en su anterior turno y consiguió gustarse en algunos muletazos sueltos, pero todo en la línea moderna de toreo lineal, pico y pierna retrasada. Aplaudida por momentos la faena, pero siempre muy por debajo del animal, fue rematada de estocada entera desprendida que hizo asomar los pañuelos, pero la presidencia esta vez puso las cosas en su sitio y negó lo que hubiera sido otro despojo de verbena. Dio Luis Bolívar una vuelta al ruedo por su cuenta que también le fue muy recriminada.
El de Ana Romero que cerró plaza ofreció una emnbestida suavona y noble, la cual, de igual manera, hizo sucumbir a un Alberto Aguilar que volvió a tomarse las debidas precauciones, siempre mal colocado, trallazos hacia fuera y metiendo el pico con enorme descaro. Está este torero en quien no hace mucho confiábamos plenamente como mero rellena-carteles para aquellas ganaderías que nadie quiere ver. Una pena.

Ovación unánime y merecida se llevó el picador Ismael Alcón, de la cuadrilla de Luis Bolívar, en su turno correspondiente ante el segundo de la tarde. Se le fueron dos dedos traseros los puyazos, pero esa forma de mover el caballo y hacer la suerte fue una lección para la inmensa mayoría de picadores de hoy. Todo un espectáculo. También Félix Majadas le pegó un gran puyazo al quinto e hizo la suerte con suma corrección; y Fernando Sánchez dejó un gran par de banderillas al segundo. Los demás atributos, para los de cuatro patas, que en esta tarde volvieron a ganárselos. Otra vez, aunque este tipo de encastes no embistan según las modas que imperan en la actualidad.


lunes, 18 de septiembre de 2017

DESAFÍO PALHA vs HOYO DE LA GITANA: LA EMOCIÓN DE LA BRAVURA

Sin Toro no hay nada, dicen los viejos aficionados. Y tienen mucha razón, porque el Toro es fuente y sustento de la emoción, y sin emoción ¿que sería de esto? Cada toro es un mundo, y eso le imprime más interés a esto de la Tautomaquia (excepto aquellos ideados para lo del se torea mejor que nunca, o como se llame la parafernalia esa, que esos están todos cortados por el mismo patrón de borreguez).

Pero pongamos que se habla de un toro cualquiera marcado a fuego con un hierro cualquiera, lidiado una tarde cualquiera en una tarde cualquiera. Un toro cuya alzada acojona, con perdón, a todo aquel que lo admira desde el tendido, y más aún al que se pone delante; y cuyo nombre recuerda a una reata clásica de una de las ganaderías más bravas de la actualidad. De este toro se diría que entró tres veces al caballo, bien puesto en suerte y de forma variada por su matador, y que su pelea en las tres varas que tomó fue, sencillamente, de bravo, llegando incluso a derribar el piquero en el primer encuentro y encelándose ferozmente con el jaco una vez derribado. No quedó atrás su pelea en el último tercio, pues el animal acudía a cada cite con prontitud, humillando y repitiendo en cada tanda con gran nobleza y no menos casta, la casta de un toro que fue bravo. El toro cualquiera que fue bravo se llamó Asustado, herrado con el número 656 en el costillar y el hierro de Palha en el anca, y fue lidiado por Noé Gómez del Pilar en la tarde de ayer domingo en el transcurso del desafío ganadero entre la mencionada ganadería y Hoyo de la Gitana. Bien estuvo el matador y la cuadrilla durante toda la lidia de este tercero. Bien el picador "Patilla" montando a caballo y haciendo la suerte con corrección y vistosidad, aunque yéndosele los puyazos un tanto traseros. Sublime el peón Iván Aguilera con el capote. Y, por supuesto, enorme el quehacer lidiador del matador, siempre preocupado de direccionar adecuadamente la lidia, de colocar al toro en suerte y de estar bien colocado en la plaza, de darle al toro sus pausas entre serie y serie de muletazos, y de darle sitio. No terminó, sin embargo, de acoplarse a las buenas embestidas del toro una vez tuvo la franela en la mano. Templado, despacioso y haciendo buen uso de las distancias y los tiempos, pero fuera de cacho y descargando la suerte siempre, sólo fue capaz de dar dos naturales sueltos de muy buen trazo que, si se hubieran convertido en unos cuantos más, ahora mismo se estaría hablando de algo muchísimo más gordo. Mató bien al toro y le fue pedida la oreja, la cual, de haber sido concedida, no hubiera estado para nada de más.

Del resto de la corrida pocas cosas de gran interés sí podrían reseñarse. Los otros dos toros de Palha, primero y quinto, fueron dos toros que mansearon lo suyo y que dieron un juego dispar en la muleta. El primero, no muy sobrado de fuerzas, se movió con poca gracia y la cara a media altura, y al cual Rubén Pinar le pegó pases con la misma poca gracia que la que derrochaba el toro. El quinto, tan bien presentado como sus dos hermanos, tuvo muy buen son en los primeros compases de la faena, hasta que Javier Cortés, más preocupado toda la tarde del encimismo que de torear bien, acortó las distancias exageradamente y lo ahogó.

Por su parte, los tres de Hoyo de la Gitana no salieron ni muchísimo menos como se esperaba. Al menos, a ojos de un servidor. Mucha romana y hechuras que recordaban más bien poco al tipo de los míticos toros del gran Graciliano Pérez-Tabernero, sangre a juzgar por lo que dicen los libros mayoritaria en esta ganadería, su juego no dio ni mucho menos la talla. El segundo, que fue picado de forma más que censurable por el picador Pedro Muñoz (uno de tantos a los que les regalan el carnet de picador en las tapas de los yogures de Danone) cumplió sin más en el caballo, y al cual nos hubiera encantado ver por tercera vez entrar al peto, pero no hubo tal amabilidad. Javier Cortés, encimista y sin dar sitio al toro, lo que cabreó a parte del personal, pues a muchos dio la impresión de que tal cosa tapó la condición del animal.
El cuarto también cumplió en los dos encuentros con el caballo, arrancándose incluso con alegría desde lejos en la segunda vara y empujando con brío, y de nuevo, se nos privó de una tercera vara sin entender muy bien por qué. Muy poco fondo, reservon y brusco, Pinar no se dio demasiada coba ante tal ejemplar.
Cerró plaza un animal al que ya le costó un mundo acudir al caballo en el segundo encuentro, y aun así se intentó llevarlo por tercera vez, desistiéndose de ello al ver qué el toro no quería caballo. Enorme de nuevo el picador, José Francisco Agudo montando a caballo y haciendo la suerte. Noble fue y poca casta sacó, estando ante él Gómez del Pilar muy fuera de sitio y con mucha desgana por hacer el toreo de verdad.

Se llevó el segundo desafío de ganaderías el hierro del señor Folque gracias a ese gran Asustado, pero también gracias a Gómez del Pilar, su banderillero y su picador, que hicieron posible que el verdadero potencial del toro reluciera en el ruedo.
Por su parte, Rubén Pinar pasó de puntillas en esta tarde; mientras que Javier Cortés, aquel chavalín rubito que deslumbró como novillero, demostró seis años después de su última comparecencia en esta plaza que es un torero que tiene dentro un gran concepto y puede mandar en esto convenciendo al aficionado más exigente, pero solo si se preocupa más de dar a cada toro las distancias que requieren que de subirse encima de estos.





domingo, 10 de septiembre de 2017

DESAFÍO SALTILLO-JUAN LUIS FRAILE: VENCIÓ EL INTERÉS

Ni el hierro de Saltillo, ni el de Juan Luis Fraile. Quien verdaderamente se llevó el gato al agua en este primer desafío ganadero fue el interés. Sí, el interés. El interés que trae de la mano la sola presencia del Toro en el ruedo, entendiéndose por Toro ese conglomerado de trapío, dureza de patas, poder y fiereza. En una sola palabra, CASTA, la que tan poquito vemos, por obra y gracia de esa paja mental hecha por los taurinos del siglo XXI y a la cual llaman mejor toreo de la Historia, el cual necesita del medio borrego bobo, diminuto y desmochado para ser llevado a cabo. Gracias a los cielos, aún quedan ganaderos en la actualidad que no se dejan llevar por las parafernalia modernas que tanto daño hacen a esta bendición que es la Tauromaquia, y creen en la casta. Y dos de esos ganaderos son precisamente los dos señores que han lidiado hoy seis toros, tres y tres, en Madrid, en esa otra bendición que es la Plaza de Toros de Las Ventas: Don Joaquín Moreno Silva y los señores herederos de don Juan Luis Fraile, Juan Luis y Carolina. Sus toros, con sus cosas buenas y también, faltaría más, sus defectos, han dado esta tarde interés y, por ende, han hecho del aburrimiento, tan presente otros días, en un mero ausente. Así sí se defiende esto.

Tres de Saltillo, primero, tercero y quinto, de desigual presentación, siendo el primero un animal de pavorosa fachada, y tercero y quinto con menos caja y remate, pero también aceptables. El primero, que en el recibo capotero de Octavio Chacón se permitió el lujo de hacer el avión en varias ocasiones, huyó del caballo como buen manso que fue las tres veces que se le colocó en suerte. El animal tuvo alegría y afán de embestir durante toda la lidia, pero los de luces no terminaron de estar acertados ahí delante. Jarocho, quien se ocupó de la brega, nunca lo llevó por abajo y eso provocaron tornillazos y embestidas a la defensiva. Ya en el último tercio, se vio claramente que el animal pedía las tablas, pero Chacón se empeñó en plantear la faena en los medios, donde siempre lo llevó a media altura con trapazos sin ponerse en el sitio en ninguno de ellos. ¿Y si hubiera sido todo en tablas y llevando al animal sometido por abajo? Nos quedaremos con esa duda por los restos.
El tercero desconcertó a media humanidad durante el primer tercio: cuatro picotazos, repartidos malamente por la paletilla, la mitad del lomo y el número en un pésimo quehacer de ambos picadores (a quien guardaba puerta le fue a parar el animal en el cuarto puyazo), de los que salió cantando la gallina y coceando en todos y cada uno de ellos . Pero ¡ay!, cuando se le puso por quinta vez en suerte... Pelea de bravo en esta ocasión, empujando abajo como un avión despegando y con el rabo mirando al cielo. ¿Qué explicación cabe ante algo así? La única que a un servidor se le ocurre, es que la colocación de la puya quizás pueda tener que ver en algunas ocasiones con el comportamiento del toro en el caballo. Cuatro picotazos en mal sitio, el toro sale despavorido, mientras que en la quinta entrada, con el palo colocado en todo lo alto, pelea de bravo. Se admite debate.
Gran toro fue este en el último tercio, noble y con mucha casta y, por lo cual, para romperse a torear en una veintena de muletazos y darse poca coba más. Así lo entendió José Carlos Venegas, que empezó doblándose con torería y sobriedad, para luego dar dos series con la diestra templadas y tirando del animal, pero despegado, perfilero y descargando la suerte con descaro, siendo muy jaleado por ello. Con la zocata no terminó de acoplarse el torero, y cuando quiso volver a la diestra, ya no quedaba toro. Estocada atravesada y orejita para José Carlos Venegas.
El quinto empujó en el caballo con un sólo pitón en el primer encuentro, peleando mejor en la segunda vara. Fue colocado en los medios para recibir un tercer puyazo, pero la Presidencia se apresuró a sacar el pañuelo demasiado rápido y nos quedamos con las ganas de verlo. Toro también de escándalo en la muleta, para hartarse a torear y salir en esta tarde de figura del toreo pero Pérez Mota, simple y llanamente, muy mal.

Por su parte, los descendientes de aquellos a los que un día llamaron los "miuras de Salamanca" (qué piropazo), lucieron presencia de toros antiguos, casi parecía que habían sido sacados de aquellas estampas de La Lidia. Largos, con buenas defensas y finos, sin exageraciones pero tampoco luciendo como raspas, a un servidor se le hicieron los ojos chiribitas presenciando aquellas hechuras que recordaban, efectivamente, a sus remotos antepasados. No fue tampoco tontería lo que llevaban dentro los de Juan Luis Fraile, no. El segundo fue picado de forma muy pésima por Francisco Vallejo, quien se llevó una tremenda bronca, en tres encuentros en los que el animal no terminó de pelear como un bravo. Fue pronto y noble en la muleta, un toro apto para una mano poderosa que tirara de él y le pusiera esa pizquita más de chispa que le faltaba. Pérez Mota bien, gracias.
El cuarto fue el toro que mejor y más completa pelea en varas hizo de toda la corrida, recibiendo un buen puyazo de Juan Melgar, el segundo, pero siendo la primera caída. Muy por dejabo de nuevo Octavio Chacón ante tan importante toro, encastado y noble, y al que no llegó nunca por abajo y templado.
Por último, el sexto recibió dos fuertes marronazos en la paletilla, y acabó, como no podía ser de otra manera, lisiadico perdido a causa de tan pésimo tercio de picas, pero la casta del animal pudo más y llegó al último tercio ofreciendo opciones a un Venegas que lo trapaceó de fea forma, sin llegar a someterlo ni poder con él.

Sobre los toreros está prácticamente todo dicho: de Octavio Chacón se pueden hacer dos lecturas: la del director de lidia siempre atento a los quites, a estar siempre bien colocado, a tener afán de poner en suerte a los toros, y todas esas cosas tan necesarias y a la vez, desgraciadamente, perdidas hoy en día; y la del torero vulgar a quien a quien se le fueron dos importantes animales sin torear.
Pérez Mota, de nuevo, bien, gracias. Así a lo tonto, ¿cuántos toros se le han ido en Madrid a este pobre hombre? Yo ya perdí la cuenta. Mal, mal, mal...
Y sobre Venegas, que despojos aparte, tampoco pudo con sus oponentes.
La ovación unánime de la tarde fue, una vez más, para el gran Ángel Otero por sus pares de banderillas al segundo. Nunca defrauda.

domingo, 3 de septiembre de 2017

DOMINGO VENTEÑO: SANTACOLOMAS MUY DESCAFEINADOS

¿Qué contar sobre un festejo en el que la falta de casta y de buenas maneras por parte de los de luces fueron la nota predominante? Quizás, que todo se puede resumir en una palabra que se presume ideal para tal situación: aburrimiento. Mucho aburrimiento a causa de seis novillos de San Martín cuya sangre santacolomeña aparecerá solamente en lo que pone en los libros de los ganaderos, visto lo visto. Así, novillos que no se emplearon en el jaco, sosos y descastados, algunos con esa nobleza lo suficientemente empalagosa como para esa parafernalia tan de moda como lo es disfrutar una barbaridad.

Ante tales adefesios se las vieron Diego Fernández (con una novillada en su haber la temporada pasada), Abel Robles (quien se presentaba en esta plaza y venía con la nada despreciable cifra de ¡¡dos!! actuaciones en 2016), y Diego Carretero. Tres novilleros tres que hicieron más bien poco para que se esfumara el dichoso aburriento, ovaciones y peticiones a orejas por parte del paisanaje acérrimo aparte. Diego Fernández sacó algunos naturales muy pintureros al que abrió plaza que llegaron poco a los tendidos, dada la sosa y floja condición del tetrapléjico bicho. El cuarto fue uno de esos hechos para disfrutar, y seguramente el chaval disfrutaría ante el animal dando pases despegadísimos, hacia fuera y, eso sí, templados. Birrioso fue el uso de la espada.

Abel Robles, ante dos animalitos también para eso de disfrutar, mal. Verde, muy verde, cosa que no es de extrañar dado el nulo rodaje del que dispone. Pero bien es verdad que se puede estar verde de dos maneras: una, dejando entrever un estilo elegante y de toreo clásico; y otro, dejando entrever un estilo 2.0 de pico, trallazos hacia fuera, cites en la oreja y piernecita bien escondidita.  En el caso que ocupa, podría decirse que más bien fue de lo segundo. 

Diego Carretero se las vio en tercer lugar con un buey de carreta ante el cual estuvo mucho rato y sacó muy pocas cosas en claro. El sexto, una babosilla que embestía andando y sin hacer extraños, le sirvió para acompañar con el trapo, se presupone que también con la cosa del disfrute y el a gusto, esa embestida tan dulce como carente de emoción. Nada nuevo bajo el sol. 

Ni novillos, ni novilleros, ni un par de banderillas, ni un capotazo, ni una vara, ni nada. Eso sí, feísimo el gesto hacia la afición del picador Carlos Écija tras (mal) picar al quinto, tras serle recriminada su lamentable actuación consistente en dos varas caídas. Después de esto, la reflexión que se le queda a uno es que si tuvieran el mismo garbo para hacer las cosas bien que para ponerse gallitos con el que paga, la palabra aburrimiento apenas existiría en los toros. Un asco.