lunes, 25 de septiembre de 2017

DESAFÍO JOSÉ ESCOLAR vs ANA ROMERO: TOROS 6 - TOREROS 0

"El encaste minoritario, es minoritario porque no embiste", soltó por la boca no muchas lunas atrás cierto personajillo del taurineo, empedernido fumador de puros (qué le echará a los puros, madre del amor hermoso y divino). Claro que, vistos los tres desafíos ganaderos que a lo largo de este mes de septiembre la gente de Plaza 1 ha tenido a bien de agasajarnos, podría decirse que quizás el ganaduros de turno tuvo razón aquel día. Y no soy muy de darle la razón a ciertos personajillos de este Mundo, pero las cosas claras y el chocolate oscuro. Minoritario, o mejor dicho, MARGINADOS, porque no embisten. Estamos de acuerdo. Pero le faltó sentenciar que "no embisten como la gente de la cunvre del escalafón quisiera para hacer la monserga esa suya llamada torear como nunca antes se ha toreado." De nada señor Ruiz.

En el tercer y último desafío ganadero, todo aquello se ha demostrado, aún más si cabe. Y ahí está el resultado: 6 puntazos para los de cuatro patas, y un cerapio la mar de hermoso para los tres señores del chispeante bordado en oro, discípulos adelantados de eso del mejor toreo de la Historia, o como quiera que lo llamen por ahí. Embestir, se puede decir que han embestido los seis, pero nada de borreguez y tontuna antibovina de esa para disfrutar una barbaridad, no señor. Porque hoy, otra vez, ha habido casta, y ya se sabe que la casta trae dificultades, problemas que solventar, peligro cuando no se hacen bien las cosas y, en definitiva, necesidad de lidiadores capacitados para dejar atrás las faenas pegapasistas tan de moda a día de hoy. No como los tres mozalbetes de hoy, que venían ya con la idea de preconcebida de torear como nunca se ha toreado. Y así, el resultado final del festejo ha sido claramente de seis a cero a favor de los toros. Lo obvio, si lo que se busca ante toros encastados es el toreo moderno consistente en faenas larguísimas, trapazos, cites en la oreja, y todas esas cosas que los borregos artistas tragan como si nada. 

Los toros, tres del señor José Escolar y otros tantos de la señora Ana Romero, apenas se han empleado con bravura y poder en varas. Tan solo en quinto, de Escolar, ha cumplido en las dos varas que ha tomado, aunque una vez puesto en suerte por tercera vez no ha querido ir. Sí se emplearon, de diversa forma los seis, en el último tercio. Abrió plaza un animal nobilísimo al cual le faltó un punto de chispa para terminar de emocionar, y ante el cual Iván Vicente estuvo un rato larguito dando muchos pases de nula calidad y menor enjudia aún. El segundo, uno de los toros de la tarde, ya en banderillas dejó entrever que iba a ser de lío. Y lo fue, vaya si lo fue. Muy noble, con casta y prontitud, así como embestida con el morro acariciando el albero, dejó a Luis Bolívar en paños menores, no siendo capaz este de templar y mandar sobre la embestida del animalito en ningún momento.
A la casta del manso tercero le vino de perlas la infame lidia a la que le sometió la cuadrilla de Alberto Aguilar. Miles de capotazos de cualquier manera, un desorden clamoroso durante la lidia y dos puyazos fortísimos en mal sitio fue en lo que consistió tal labor, llegando el toro al último tercio con más dificultades aún de lo que su casta ya ofrecía de por sí. Alberto Aguilar, descompuesto y con pocas ganas de hacer las cosas bien, basó su faena en trallazos a media altura y todo ello en los medios, cuando el animal sólo quería de tercio para dentro. Fue en esos terrenos donde el animal ofreció arrancadas en las que hizo surcos en la arena con el morro y embistió con carbón, mostrando así que fue un toro que mereció mucho más. A la hora de matar, se atascó aún más Alberto, y si no regresó el toro vivo al corral fue por la excesiva benevolencia de la presidencia. La bronca fue de órdago.
El cuarto, que hizo alarde de unas feas hechuras que en muy poco recordaban al tipo buendía, también tuvo lo suyo. Iván Vicente ante tal ejemplar ni quiso ni pudo. Mucho mejor se le dio eso de encararse con un aficionado que le reprochó su pésima colocación toda la tarde, cosa que desató algunas palmas y también unos cuantos pitos en señal de acuerdo total con la voz anónima.
El quinto fue otrora animal destacado de la tarde. Y también, el más completo, pues además de sacar casta y magníficas embestidas, fue el único que cumplió en el tercio de varas. Cumplió sin más, pero cumplió. Luis Bolívar salió más espoleado que en su anterior turno y consiguió gustarse en algunos muletazos sueltos, pero todo en la línea moderna de toreo lineal, pico y pierna retrasada. Aplaudida por momentos la faena, pero siempre muy por debajo del animal, fue rematada de estocada entera desprendida que hizo asomar los pañuelos, pero la presidencia esta vez puso las cosas en su sitio y negó lo que hubiera sido otro despojo de verbena. Dio Luis Bolívar una vuelta al ruedo por su cuenta que también le fue muy recriminada.
El de Ana Romero que cerró plaza ofreció una emnbestida suavona y noble, la cual, de igual manera, hizo sucumbir a un Alberto Aguilar que volvió a tomarse las debidas precauciones, siempre mal colocado, trallazos hacia fuera y metiendo el pico con enorme descaro. Está este torero en quien no hace mucho confiábamos plenamente como mero rellena-carteles para aquellas ganaderías que nadie quiere ver. Una pena.

Ovación unánime y merecida se llevó el picador Ismael Alcón, de la cuadrilla de Luis Bolívar, en su turno correspondiente ante el segundo de la tarde. Se le fueron dos dedos traseros los puyazos, pero esa forma de mover el caballo y hacer la suerte fue una lección para la inmensa mayoría de picadores de hoy. Todo un espectáculo. También Félix Majadas le pegó un gran puyazo al quinto e hizo la suerte con suma corrección; y Fernando Sánchez dejó un gran par de banderillas al segundo. Los demás atributos, para los de cuatro patas, que en esta tarde volvieron a ganárselos. Otra vez, aunque este tipo de encastes no embistan según las modas que imperan en la actualidad.


lunes, 18 de septiembre de 2017

DESAFÍO PALHA vs HOYO DE LA GITANA: LA EMOCIÓN DE LA BRAVURA

Sin Toro no hay nada, dicen los viejos aficionados. Y tienen mucha razón, porque el Toro es fuente y sustento de la emoción, y sin emoción ¿que sería de esto? Cada toro es un mundo, y eso le imprime más interés a esto de la Tautomaquia (excepto aquellos ideados para lo del se torea mejor que nunca, o como se llame la parafernalia esa, que esos están todos cortados por el mismo patrón de borreguez).

Pero pongamos que se habla de un toro cualquiera marcado a fuego con un hierro cualquiera, lidiado una tarde cualquiera en una tarde cualquiera. Un toro cuya alzada acojona, con perdón, a todo aquel que lo admira desde el tendido, y más aún al que se pone delante; y cuyo nombre recuerda a una reata clásica de una de las ganaderías más bravas de la actualidad. De este toro se diría que entró tres veces al caballo, bien puesto en suerte y de forma variada por su matador, y que su pelea en las tres varas que tomó fue, sencillamente, de bravo, llegando incluso a derribar el piquero en el primer encuentro y encelándose ferozmente con el jaco una vez derribado. No quedó atrás su pelea en el último tercio, pues el animal acudía a cada cite con prontitud, humillando y repitiendo en cada tanda con gran nobleza y no menos casta, la casta de un toro que fue bravo. El toro cualquiera que fue bravo se llamó Asustado, herrado con el número 656 en el costillar y el hierro de Palha en el anca, y fue lidiado por Noé Gómez del Pilar en la tarde de ayer domingo en el transcurso del desafío ganadero entre la mencionada ganadería y Hoyo de la Gitana. Bien estuvo el matador y la cuadrilla durante toda la lidia de este tercero. Bien el picador "Patilla" montando a caballo y haciendo la suerte con corrección y vistosidad, aunque yéndosele los puyazos un tanto traseros. Sublime el peón Iván Aguilera con el capote. Y, por supuesto, enorme el quehacer lidiador del matador, siempre preocupado de direccionar adecuadamente la lidia, de colocar al toro en suerte y de estar bien colocado en la plaza, de darle al toro sus pausas entre serie y serie de muletazos, y de darle sitio. No terminó, sin embargo, de acoplarse a las buenas embestidas del toro una vez tuvo la franela en la mano. Templado, despacioso y haciendo buen uso de las distancias y los tiempos, pero fuera de cacho y descargando la suerte siempre, sólo fue capaz de dar dos naturales sueltos de muy buen trazo que, si se hubieran convertido en unos cuantos más, ahora mismo se estaría hablando de algo muchísimo más gordo. Mató bien al toro y le fue pedida la oreja, la cual, de haber sido concedida, no hubiera estado para nada de más.

Del resto de la corrida pocas cosas de gran interés sí podrían reseñarse. Los otros dos toros de Palha, primero y quinto, fueron dos toros que mansearon lo suyo y que dieron un juego dispar en la muleta. El primero, no muy sobrado de fuerzas, se movió con poca gracia y la cara a media altura, y al cual Rubén Pinar le pegó pases con la misma poca gracia que la que derrochaba el toro. El quinto, tan bien presentado como sus dos hermanos, tuvo muy buen son en los primeros compases de la faena, hasta que Javier Cortés, más preocupado toda la tarde del encimismo que de torear bien, acortó las distancias exageradamente y lo ahogó.

Por su parte, los tres de Hoyo de la Gitana no salieron ni muchísimo menos como se esperaba. Al menos, a ojos de un servidor. Mucha romana y hechuras que recordaban más bien poco al tipo de los míticos toros del gran Graciliano Pérez-Tabernero, sangre a juzgar por lo que dicen los libros mayoritaria en esta ganadería, su juego no dio ni mucho menos la talla. El segundo, que fue picado de forma más que censurable por el picador Pedro Muñoz (uno de tantos a los que les regalan el carnet de picador en las tapas de los yogures de Danone) cumplió sin más en el caballo, y al cual nos hubiera encantado ver por tercera vez entrar al peto, pero no hubo tal amabilidad. Javier Cortés, encimista y sin dar sitio al toro, lo que cabreó a parte del personal, pues a muchos dio la impresión de que tal cosa tapó la condición del animal.
El cuarto también cumplió en los dos encuentros con el caballo, arrancándose incluso con alegría desde lejos en la segunda vara y empujando con brío, y de nuevo, se nos privó de una tercera vara sin entender muy bien por qué. Muy poco fondo, reservon y brusco, Pinar no se dio demasiada coba ante tal ejemplar.
Cerró plaza un animal al que ya le costó un mundo acudir al caballo en el segundo encuentro, y aun así se intentó llevarlo por tercera vez, desistiéndose de ello al ver qué el toro no quería caballo. Enorme de nuevo el picador, José Francisco Agudo montando a caballo y haciendo la suerte. Noble fue y poca casta sacó, estando ante él Gómez del Pilar muy fuera de sitio y con mucha desgana por hacer el toreo de verdad.

Se llevó el segundo desafío de ganaderías el hierro del señor Folque gracias a ese gran Asustado, pero también gracias a Gómez del Pilar, su banderillero y su picador, que hicieron posible que el verdadero potencial del toro reluciera en el ruedo.
Por su parte, Rubén Pinar pasó de puntillas en esta tarde; mientras que Javier Cortés, aquel chavalín rubito que deslumbró como novillero, demostró seis años después de su última comparecencia en esta plaza que es un torero que tiene dentro un gran concepto y puede mandar en esto convenciendo al aficionado más exigente, pero solo si se preocupa más de dar a cada toro las distancias que requieren que de subirse encima de estos.





domingo, 10 de septiembre de 2017

DESAFÍO SALTILLO-JUAN LUIS FRAILE: VENCIÓ EL INTERÉS

Ni el hierro de Saltillo, ni el de Juan Luis Fraile. Quien verdaderamente se llevó el gato al agua en este primer desafío ganadero fue el interés. Sí, el interés. El interés que trae de la mano la sola presencia del Toro en el ruedo, entendiéndose por Toro ese conglomerado de trapío, dureza de patas, poder y fiereza. En una sola palabra, CASTA, la que tan poquito vemos, por obra y gracia de esa paja mental hecha por los taurinos del siglo XXI y a la cual llaman mejor toreo de la Historia, el cual necesita del medio borrego bobo, diminuto y desmochado para ser llevado a cabo. Gracias a los cielos, aún quedan ganaderos en la actualidad que no se dejan llevar por las parafernalia modernas que tanto daño hacen a esta bendición que es la Tauromaquia, y creen en la casta. Y dos de esos ganaderos son precisamente los dos señores que han lidiado hoy seis toros, tres y tres, en Madrid, en esa otra bendición que es la Plaza de Toros de Las Ventas: Don Joaquín Moreno Silva y los señores herederos de don Juan Luis Fraile, Juan Luis y Carolina. Sus toros, con sus cosas buenas y también, faltaría más, sus defectos, han dado esta tarde interés y, por ende, han hecho del aburrimiento, tan presente otros días, en un mero ausente. Así sí se defiende esto.

Tres de Saltillo, primero, tercero y quinto, de desigual presentación, siendo el primero un animal de pavorosa fachada, y tercero y quinto con menos caja y remate, pero también aceptables. El primero, que en el recibo capotero de Octavio Chacón se permitió el lujo de hacer el avión en varias ocasiones, huyó del caballo como buen manso que fue las tres veces que se le colocó en suerte. El animal tuvo alegría y afán de embestir durante toda la lidia, pero los de luces no terminaron de estar acertados ahí delante. Jarocho, quien se ocupó de la brega, nunca lo llevó por abajo y eso provocaron tornillazos y embestidas a la defensiva. Ya en el último tercio, se vio claramente que el animal pedía las tablas, pero Chacón se empeñó en plantear la faena en los medios, donde siempre lo llevó a media altura con trapazos sin ponerse en el sitio en ninguno de ellos. ¿Y si hubiera sido todo en tablas y llevando al animal sometido por abajo? Nos quedaremos con esa duda por los restos.
El tercero desconcertó a media humanidad durante el primer tercio: cuatro picotazos, repartidos malamente por la paletilla, la mitad del lomo y el número en un pésimo quehacer de ambos picadores (a quien guardaba puerta le fue a parar el animal en el cuarto puyazo), de los que salió cantando la gallina y coceando en todos y cada uno de ellos . Pero ¡ay!, cuando se le puso por quinta vez en suerte... Pelea de bravo en esta ocasión, empujando abajo como un avión despegando y con el rabo mirando al cielo. ¿Qué explicación cabe ante algo así? La única que a un servidor se le ocurre, es que la colocación de la puya quizás pueda tener que ver en algunas ocasiones con el comportamiento del toro en el caballo. Cuatro picotazos en mal sitio, el toro sale despavorido, mientras que en la quinta entrada, con el palo colocado en todo lo alto, pelea de bravo. Se admite debate.
Gran toro fue este en el último tercio, noble y con mucha casta y, por lo cual, para romperse a torear en una veintena de muletazos y darse poca coba más. Así lo entendió José Carlos Venegas, que empezó doblándose con torería y sobriedad, para luego dar dos series con la diestra templadas y tirando del animal, pero despegado, perfilero y descargando la suerte con descaro, siendo muy jaleado por ello. Con la zocata no terminó de acoplarse el torero, y cuando quiso volver a la diestra, ya no quedaba toro. Estocada atravesada y orejita para José Carlos Venegas.
El quinto empujó en el caballo con un sólo pitón en el primer encuentro, peleando mejor en la segunda vara. Fue colocado en los medios para recibir un tercer puyazo, pero la Presidencia se apresuró a sacar el pañuelo demasiado rápido y nos quedamos con las ganas de verlo. Toro también de escándalo en la muleta, para hartarse a torear y salir en esta tarde de figura del toreo pero Pérez Mota, simple y llanamente, muy mal.

Por su parte, los descendientes de aquellos a los que un día llamaron los "miuras de Salamanca" (qué piropazo), lucieron presencia de toros antiguos, casi parecía que habían sido sacados de aquellas estampas de La Lidia. Largos, con buenas defensas y finos, sin exageraciones pero tampoco luciendo como raspas, a un servidor se le hicieron los ojos chiribitas presenciando aquellas hechuras que recordaban, efectivamente, a sus remotos antepasados. No fue tampoco tontería lo que llevaban dentro los de Juan Luis Fraile, no. El segundo fue picado de forma muy pésima por Francisco Vallejo, quien se llevó una tremenda bronca, en tres encuentros en los que el animal no terminó de pelear como un bravo. Fue pronto y noble en la muleta, un toro apto para una mano poderosa que tirara de él y le pusiera esa pizquita más de chispa que le faltaba. Pérez Mota bien, gracias.
El cuarto fue el toro que mejor y más completa pelea en varas hizo de toda la corrida, recibiendo un buen puyazo de Juan Melgar, el segundo, pero siendo la primera caída. Muy por dejabo de nuevo Octavio Chacón ante tan importante toro, encastado y noble, y al que no llegó nunca por abajo y templado.
Por último, el sexto recibió dos fuertes marronazos en la paletilla, y acabó, como no podía ser de otra manera, lisiadico perdido a causa de tan pésimo tercio de picas, pero la casta del animal pudo más y llegó al último tercio ofreciendo opciones a un Venegas que lo trapaceó de fea forma, sin llegar a someterlo ni poder con él.

Sobre los toreros está prácticamente todo dicho: de Octavio Chacón se pueden hacer dos lecturas: la del director de lidia siempre atento a los quites, a estar siempre bien colocado, a tener afán de poner en suerte a los toros, y todas esas cosas tan necesarias y a la vez, desgraciadamente, perdidas hoy en día; y la del torero vulgar a quien a quien se le fueron dos importantes animales sin torear.
Pérez Mota, de nuevo, bien, gracias. Así a lo tonto, ¿cuántos toros se le han ido en Madrid a este pobre hombre? Yo ya perdí la cuenta. Mal, mal, mal...
Y sobre Venegas, que despojos aparte, tampoco pudo con sus oponentes.
La ovación unánime de la tarde fue, una vez más, para el gran Ángel Otero por sus pares de banderillas al segundo. Nunca defrauda.

domingo, 3 de septiembre de 2017

DOMINGO VENTEÑO: SANTACOLOMAS MUY DESCAFEINADOS

¿Qué contar sobre un festejo en el que la falta de casta y de buenas maneras por parte de los de luces fueron la nota predominante? Quizás, que todo se puede resumir en una palabra que se presume ideal para tal situación: aburrimiento. Mucho aburrimiento a causa de seis novillos de San Martín cuya sangre santacolomeña aparecerá solamente en lo que pone en los libros de los ganaderos, visto lo visto. Así, novillos que no se emplearon en el jaco, sosos y descastados, algunos con esa nobleza lo suficientemente empalagosa como para esa parafernalia tan de moda como lo es disfrutar una barbaridad.

Ante tales adefesios se las vieron Diego Fernández (con una novillada en su haber la temporada pasada), Abel Robles (quien se presentaba en esta plaza y venía con la nada despreciable cifra de ¡¡dos!! actuaciones en 2016), y Diego Carretero. Tres novilleros tres que hicieron más bien poco para que se esfumara el dichoso aburriento, ovaciones y peticiones a orejas por parte del paisanaje acérrimo aparte. Diego Fernández sacó algunos naturales muy pintureros al que abrió plaza que llegaron poco a los tendidos, dada la sosa y floja condición del tetrapléjico bicho. El cuarto fue uno de esos hechos para disfrutar, y seguramente el chaval disfrutaría ante el animal dando pases despegadísimos, hacia fuera y, eso sí, templados. Birrioso fue el uso de la espada.

Abel Robles, ante dos animalitos también para eso de disfrutar, mal. Verde, muy verde, cosa que no es de extrañar dado el nulo rodaje del que dispone. Pero bien es verdad que se puede estar verde de dos maneras: una, dejando entrever un estilo elegante y de toreo clásico; y otro, dejando entrever un estilo 2.0 de pico, trallazos hacia fuera, cites en la oreja y piernecita bien escondidita.  En el caso que ocupa, podría decirse que más bien fue de lo segundo. 

Diego Carretero se las vio en tercer lugar con un buey de carreta ante el cual estuvo mucho rato y sacó muy pocas cosas en claro. El sexto, una babosilla que embestía andando y sin hacer extraños, le sirvió para acompañar con el trapo, se presupone que también con la cosa del disfrute y el a gusto, esa embestida tan dulce como carente de emoción. Nada nuevo bajo el sol. 

Ni novillos, ni novilleros, ni un par de banderillas, ni un capotazo, ni una vara, ni nada. Eso sí, feísimo el gesto hacia la afición del picador Carlos Écija tras (mal) picar al quinto, tras serle recriminada su lamentable actuación consistente en dos varas caídas. Después de esto, la reflexión que se le queda a uno es que si tuvieran el mismo garbo para hacer las cosas bien que para ponerse gallitos con el que paga, la palabra aburrimiento apenas existiría en los toros. Un asco.


lunes, 14 de agosto de 2017

SI ES POR ESO, AUR REVOIR, MORANTE

Que sí, que es verdad. Que se va, ha dicho que se va y punto. Así, de sopetón y casi sin vaselina. Se va, se retira por tiempo indefinido, y las razones que ofrece son delirantes, o como se dice en el argot de la calle, para mear y no echar ni gota.
Sí, se retira Morante de la Puebla. Y él mismo dice que es porque "el toro de hoy es tan grande que va contra el toreo de arte". Ahí, con un par. Pero señor Morante, ¿no lo dirá usted por los mojones con los que se planta allá donde torea, no? ¿O acaso es que lo que usted quiere es que se los echen mucho más pequeños? ¿Más aún, señor Morante? ¿Qué quiere torear usted entonces, becerros sin destetar? Mire usted, don José Antonio, le voy a ser claro en cuanto a lo que pienso: es usted un mediocre. Un enorme mediocre, cosa que no está reñida con ser un buen torero y torear con el capote como nadie lo hace en la actualidad. Sí, usted es un mediocre porque no es capaz de reconocer la gran incapacidad que lleva arrastrando por los ruedos durante los últimos años. Que si el toro es muy grande y por eso no le embiste, que si la cuesta no le deja estar a gusto, que si cierta parte del público, que si los presidentes, que si el aire, que si la lluvia, que si ahora hace calor, que luego hace frío, que si el puro se le ha ido por otro lado, que si... ¿Alguna vez va a reconocer algo mal hecho por usted? ¿Alguna vez hará autocrítica, señor Morante, con lo sano que es? ¿Está usted tan harto como de veras ha manifestado, señor Morante? ¿Quiere usted que le hable de estar harto? Bien, pues hablemos.

Estar harto de que un tío, bueno de acuerdo, varios tíos entre los que usted obviamente se encuentra, no sean capaces de salirse de las cuatro o cinco factorías de su gusto, factorías que por cierto apuestan más por la borreguez y la tontuna que por la casta y la verdadera bravura del Toro; y no contentos con ello, despotriquen contra aquellas ganaderías que se salen de su gusto como si de la última mierda, con perdón, se trataran.
Estar harto, señor Morante, de las excusas baratas de un mediocre de su talla (sí, mediocre) cuando, simplemente, no es capaz de estar a la altura cada vez que se viste de torero. Ah, pero ¿no es de aunténtico majadero todos los caprichitos que a usted se le antojan con la pendiente del ruedo, con la cosa de regar el ruedo, con sus imposiciones en los corrales y en los carteles; más aún cuando no es capaz después de todo esto de dar un mísero muletazo? Digamelo entonces, oiga.
Harto, señor Morante, de sus desplantes a la gente que paga por verle a usted torear cuando no le bailan el agua. Y lo que es mucho más grave, a los presidentes. O sea, a la máxima autoridad en una corrida de toros.
Harto, señor Morante, de las guarrerías de corridas que usted y sus compadres las figuras imponen allá donde son contratados, corridas chicas (aunque usted ahora las vea grandes), en muchos casos afeitadas y, por lo general, descastadas y aborregadas.
Harto, señor Morante, de un guiñapo que lo mismo descabella metido en el burladero, que entra de nuevo a matar con otra espada ya metida hasta los gavilanes. Y, para colmo, los que le aplauden hasta con las orejas lo venden como una genialidad.
Demasiado hartos, señor Morante, y no nos vamos. Aunque haya veces nos den ganas, pero mucho más fuerte que todo eso es el cariño y apego que se le tiene a esto de los toros. Por eso seguimos defendiendo esto de gentuza como usted, ¿sabe? Porque con todo esto, se lo digo por si acaso lo desconoce, hace usted muchísimo daño. Que no todo en los toros es dar cinco verónicas sublimes.

Dice usted también, estimado señor Morante, acordarse de los novilleros, porque "son los que más están padeciendoesta sin razón". ¿Qué sinrazón, señor Morante, qué sinrazón?
¿Ahora se acuerda usted de los novilleros, después de llevar años copando hasta los festejos en plazas de tercera, quitándole así el sitio a las novilladas y, como consecuencia, haciendo que se den menos novilladas y los chavales no tengan dónde curtirse? ¿Pero qué nos está usted contando, por favor? Que no señor Morante, que el problema no es que se lidie un novillo medianamente bien presentado, que el problema es que los chicos no tienen apenas festejos para rodarse, y eso en parte es por culpa de que ustedes van a torear hasta a los pueblos. Deje ya sus majaderías para otro momento, señor Morante, que son cada vez menos creíbles.

¿Por todo esto se va usted? ¿De verdad es por todo esto? Muy bien, señor Morante. Pues váyase, pero váyase de verdad y váyase para no volver nunca, o por lo menos mientras siga usted con sandeces en su cabeza. Que de peores retiradas se ha repuesto la Tauromaquia, y de la suya no será menos.

Adiós, Morante. Gracias por aqulla tarde que nos regaló en Madrid con el capote, o por su faena en Bilbao a Cacareo, o por otras tantas tardes en las que desplegó su incomparable personalidad. Pero no por eso se le puede consentir todo a quien se comporta como un aunténtico mediocre.


martes, 4 de julio de 2017

EL TORO QUE SOÑÓ MANOLETE: RATÓN, DE PINTO BARREIROS

Uno de los más grandes cumpliría hoy, 4 de julio del 2017, 100 años. Tamaña efeméride no puede pasar desapercibida. 


Madrid, 6 de julio de 1944. Corrida de la Prensa. Por tal motivo, en los corrales de Las Ventas aguarda una corrida de don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, la cual ha de ser lidiada y muerta a estoque por Luis Gómez "El Estudiante", Juanito Belmonte y Manuel Rodríguez "Manolete". Casi nada.

Las notas más destacadas de la corrida fueron sendos trofeos conseguidos por "Estudiante" y Manolete en los toros primero y tercero, respectivamente; hasta que llegó el sexto y último turno de la corrida. Saltó al ruedo un toro de don Alipio del que se cuenta que armó un escándalo monumental en el tendido por ser excesivamente feo y terciado, ante lo cual el señor presidente hizo asomar el pañuelo verde. En su lugar salió al ruedo un negro zaíno de nombre Ratón, número 242, del hierro portugués de don José Lacerda Pinto Barreiros. Ante este toro, Manolete no solo obtuvo su triunfo más apoteósico en Madrid, sino que además realizó la que para muchos críticos y aficionados fue la mejor y más completa faena de su carrera, la que retrata más a lo vivo su toreo, como dijo el famoso documentalista taurino Fernando Achúcarro.

Los que habíamos visto torear a Manolete en Barcelona, en Bilbao, en Valencia, en cualquier parte, sabíamos que un día le saldría el toro en Madrid y la capital se inclinaría. Y así ha sido. Tan rotundo, tan total, que no se habla de otra cosa. El fino sentido periodístico ha traído a la primera plana de los diarios esta figura tan tranquila e impasible, que pisa el ruedo como si llevase a sus espaldas cuarenta generaciones de toreros. Este es Manolete, a quien se rinden propios y extraños y que en su arte llega a cimas incalculables. Es hermoso coronar con la juventud el triunfo. Y coronarlo con el riesgo y el peligro, con el heroísmo de la muerte, escurrida entre cascadas de arte y alegría》. Artículo firmado por José Vicente y publicado en El Ruedo el 11 de julio de 1944, sobre aquella faena.

La apoteosis, el no va más, llega con el toro que cierra plaza, y que al salir de chiqueros hace cosas de muy feo estilo. La gente, ante tales maneras, se dispone a cubrir el expediente: se prepara para irse. Total, en un cuarto de hora estará fuera de la plaza, camino de casa. Pero el torero cordobés no es de la misma opinión y piensa otra cosa. Se esfuerza por sujetar al astado; torea a la verónica colosalmente. La primera serie de lances la remata con una media muy templada, le vale la correspondiente ovación. En el turno de quites se repite el éxito. Manolo tiene ganas de pelear; "habrá faena", aseguran los peñistas del 7. Efectivamente, tocan a matar, y el torero toma la muleta y el estoque y se va al centro del ruedo para brindar a los aficionados. Desde lejos, cita al toro y le administra un ayudado por algo que pone a la plaza en pie. Otra ovación. Luego se lleva el trapo rojo a la zurda y torea al natural. La serie resulta espectacular y redonda, pues el torero de Córdoba no se ha movido del sitio donde ha ejecutado el primer pase. Cuando le da el de pecho al final, el ruedo se cubre de sombreros. Ya hay incluso quien, adelantándose a los acontecimientos, pide, nervioso, la oreja. Manolete continúa con su magistral lección. Es todo un curso sobre aunténtico toreo. Entre palmas y vítores, Manolo hace pasar al bicho en otro capítulo de naturales, seguido de derechazos en redondo y de las discutidas manoletinas. Da algunos muletazos "mirando al tendido", que desatan la locura del público. En una breve pausa, los espectadores, en pie, le aclaman y solicitan para el espada los trofeos de rigor. Al fin, el torero de Córdoba monta el estoque y ejecuta la suerte suprema maravillosamente. No cae el toro y, cuando se dispone a descabellarlo, la gente, temiendo que no acierte a la primera y se produzca el desencanto, le pide que lo deje. Pero Manolete cumple con su deber. Al primer intento se derrumba el bicho, y se desencadena el entusiasta carrusel de aclamaciones. Con las dos orejas del vencido animal en la mano, recorre el torero el redondel, y por la Puerta Grande sale en hombros de los entusiastas》.
Francisco Narbona, en su obra "Manolete".


DE CENTELLA A RATÓN
Don José Lacerda, criador del toro con el que el Monstruo de Córdoba se encumbró en Madrid, contó una curiosa anécdota sobre el toro en cuestión. Resultó ser que el animal se llamó desde un primer momento Centella. El caso es que fue adquirido por la empresa de Madrid como novillo, haciendo de sobrero en algunas corridas durante algún tiempo, sin conseguirse que fuera lidiado. Centella se hizo amo y señor de los corrales de Las Ventas durante todo ese período de tiempo, llegando incluso a comerse el pienso destinado para los otros toros. Por tal motivo, el mayoral de la plaza comenzó a apodar al bicho Ratón, sobrenombre con el que pasó a figurar, de la mano del IV Califa del Toreo, en las páginas doradas de la Tauromaquia aquel histórico 6 de julio de 1944 en Las Ventas.




domingo, 18 de junio de 2017

A TI, IVÁN

No sabes lo que me está costando ponerme a escribirte unas líneas, Iván. Otra vez, otra vez en menos de un año, el mundo de los toros tiene que decir adiós a uno de los suyos porque un toro se ha llevado por delante su vida. Qué duro, Iván, qué duro se nos hace. Otra noche complicada, con la cabeza en otro lado y costando un mundo pegar ojo. No nos lo creemos, Iván. ¿Por qué?

Iván, qué duro fue lo de la tarde-noche de ayer. Salíamos de Las Ventas, tu plaza, la plaza donde has dado grandes tardes y la que tantas veces se te entregó. Salíamos satisfechos porque un compañero tuyo, joven y empezando en esto, nos había hecho lo mismo que tú en varias ocasiones y en este mismo sitio: ponernos en pie y hacer que nos rompiéramos las manos aplaudiendo. Quién nos iba a decir en ese momento lo que nos aguardaba al salir. Y sin embargo, ahí fuera nos estaba esperando la fatal noticia.

No me lo creía, Iván. De verdad que no me entraba en la cabeza que tú hubieras caído en las astas de un toro. Durante algunos minutos me volví loco con el móvil, fisgando en Internet y preguntando a todos los aficionados de que conozco, buscando desesperadamente una contestación que me confirmara que solo era una equivocación y que la cornada, aun siendo fuerte, no era mortal. Pero no fue así, Iván. Otra vez había que enfrentarse a la cruda verdad del toreo, que aquí se muere de verdad. No hay consuelo, Iván. Por mucho que intentemos consolarnos con que esto forma parte de la grandeza de la Fiesta, es imposible.

Ahora, todo son recuerdos. El primero, aquella tarde, hace ya muchos años, en la que coincidí contigo en mi pueblo porque toreabas a 5 kilómetros, y te vestías aquí. Le pregunté a tu mozo de espadas que qué tal se te dio la tarde, y me contestó que bien, que habías cortado dos orejas. Se paró un momento y, con toda la amabilidad del mundo, sacó una foto tuya del bolso que llevaba y me la dio, diciéndome: "Se está duchando y no tardará en bajar. Espérale si quieres y te la firmará". Y así fue, Iván. Bajaste sonriendo, me saludaste con gran afabilidad y me firmaste esa foto, la cual llevo guardándola desde entonces con muchísimo cariño. Te pregunté, lo recuerdo perfectamente, que cuándo vendrías a torear a Madrid (todavía no habías ni confirmado la alternativa) y me contestaste con firme rotundidad que a la temporada siguiente. Y así fue, meses después confirmaste la alternativa, y ahí empezó tu idilio con Madrid. Vaya tarde la tuya el día de tu confirmación, si hasta te ganaste una sustitución días después en la corrida de Victorino Martín, creo recordar. Sí, a partir de ahí es cuando empiezo a recordar que empezó todo, Iván.

Tú fuiste quien se encontró en su camino a aquel mítico cuadri llamado Podador, y vaya cómo estuviste con él, Iván. Meses después, el mano a mano con David Mora, tarde cargada de emociones fuertes que nunca se olvidarán. O la faena a aquel Grosella, de Parladé. Y los cojones (con perdón) que le echaste encerrándote con 6 toros en Madrid de ganaderías que muchos no quieren ver ni en pintura. Y no ganaste la apuesta, Iván, pero sí el respeto de los aficionados, que lo valoraron como se mereció. Desde entonces, te costó remontar el vuelo, pero los que te conocen confiaban en ti y en tu raza, y siempre decían que aguardáramos porque Iván Fandiño volvería a poner Madrid boca abajo. Por desgracia, el destino y un toro de Baltasar Ibán llamado Provechito lo han impedido.

Iván, aquí abajo nunca te olvidaremos. Da recuerdos por allí arriba a toda esa gente buena con la que seguro ya estás reunido. Y cuida de tus compañeros, quienes esta tarde te rendirán homenaje de la mejor forma que se le puede rendir a un torero caído: toreando. Que la tierra te sea leve, TORERO.

sábado, 17 de junio de 2017

LA BENEFICENCIA: TORITOS 2.0 EN TARDE CRISPANTE

Qué gran corrida la de Victoriano del Río lidiada en la Extraordinaria de Beneficencia, que tras algunos añetes vuelve a ser Extraordinaria, pero que de Beneficencia, no tuvo (salvo si se tiene en cuenta el beneficio sacado por y para los propios taurinejos, obviamente). Qué seis toritos, ni en el mejor de los sueños uno los hubiera imaginado más apropiados para esa cosa llamada mejor toreo de la Historia. Tan tulliditos y terciaditos ellos, y sin hacer grandes alardes de lo que es un verdadero toro de lidia con trapío y buenas hechuras, no fuera a ser que las lentejas del mediodía se convirtieran en agua casi por arte (jarte en el argot más taurino - cultural) de magia en las mismísimas tripas del Dios supremo del toreo, véase don Julián López Escobar; y del más guapo de cuantos toreros hay en el escalafón. Y como aquí todo es tan trasparente, nunca sabremos a qué se debe tanto camión de toros en los alrededores de Las Ventas durante las últimas 24 horas. Ahhhhhh, cierto, que el Juli andaba por ahí acartelado. Qué cosas, y qué gafe arrastra consigo esa pobre criatura allá donde pisa.

Las seis garrapatas con cuernos tan pésimamente presentadas por Victoriano del Río, como decía, fueron una auténtica delicia. Así como sin fuerzas y haciendo del primer tercio, como manda la costumbre, algo enteramente prescindible; pastueños, sosainas, sin causar molestias a The Maestros para que no sufrieran a la hora de torear como nunca se ha toreado y, en definitiva, descastados y bobalicones. Qué lástima que la talibana y leguaraz afición de Madrid no tenga ni idea de toros y sean tan malos aficionados, que si no hubiéramos vivido un acontecimiento de tal calado histórico como lo hubiera sido escuchar una ovación dedicada a Emilio Muñoz en esta misma plaza.
A los de Victoriano pues se les olvidó en casa la casta y el poder del que hacen gala sus mismos hermanos cuando las figuras del toreo no hacen intrusión en su corrida, y eso se vio condensado en una tarde aburrida y tediosa de inválidos, descaste, toreros pegapases, vulgaridad y hasta algún que otro despojo bochornoso, para que a Julianín el de Velilla se le pasara el mosqueo que se llevó ayer en Toledo cuando no le concedieron otro despojo, cuán niño de cinco años a quien le regalan una piruleta para que deje de llorar. Dicho despojo llegó tras estoquear al cuarto, de una estocada, o mejor dicho, de un julipié caído, tras una faena marca de la casa. ¿Qué esperábamos, que a Julián le diera por colocarse en el sitio, ofrecer la muleta plana, cargar la suerte y todos esos menesteres que nunca le veremos ni aunque se alineen los planetas? Muchos trapazos, colocado con un pie en Manuel Becerra y otro en Avenida de América, metiendo el pico con el descaro que le caracteriza, y todo todito todo hacia fuera. Ni uno rematado atrás. Eso sí, muy templadito
y sabiendo mover el trapo al mismo ritmo que marcaba la pobre babosa que había por ahí, que recordaba al coche de Fernando Alonso. Delirio juligan, que se acentuó cuando el matador acortó distancias hasta dejarse lamer los muslos por el torillo, a quien solamente le faltaba ponerse de rodillas y pedir perdón cuando tocaba la muleta. Ante su primero, un toro sin la más mínima casta, el Juli, pues fue el Juli. Sin más. Nada que no fueran sus latigazos de siempre con todo el pico y pésimamente colocado. Lo dicho, El Juli.

A José María Manzanares tampoco le gustan los toros que derrochan poder, y por ello hizo lo inhumanamente posible por que le mantuvieran en el ruedo al cojo salinero que hacía de segundo, del cual se ha llegado a oír y leer por ahí que "qué impaciente la afición de Madrid, haciendo presión para devolver a un toro que apuntaba grandes cosas". Y es que claro, ¿a quién le importa que el pobre animal estuviera lisiadico perdido y no se tuviera en pie, si ante él se hubiera podido torear muy a gusto? Qué barbaridad....
Se quedó Chemari con las ganas de tal cosa y los cabestros tuvieron que retirar de ahí al lisiado, para dar paso a un sobrero de Domingo Hernández, quien ahora resulta no ser sólo ganadero, sino también ser discípulo adelantado de los zotes enfarlopados esos llamados Chatarra Palace. Dicho ejemplar, así como quien no quiere la cosa, hizo una gran pelea en varas mientras tomaba dos puyazos en toda regla y en honor a los restantes de Victoriano, y posiblemente en el de los de Cuvillo de mañana. Llegó el animal a la muleta con las fuerzas justas y suficientes para aguantar veinte muletazos bien pegados de verdad, que los tenía. No sucedió tal cosa. Manzanares no fue capaz de darle ni uno, pero ni uno en condiciones a este toro, solamente trapazos hacia fuera, a media altura, haciendo así que el animal se defendiera; y desde la periferia naturalmente, no fuera a ser que se le manchara el elegantísimo vestido en el que estaba metido, que la elegancia cuesta un precio elevado conservarla. Más de lo mismo ante el quinto, un pobre animalito tetrapléjico que no era ni mucho menos conveniente bajarle la muleta para que no se derrumbara. Muchos trapazos a media altura, desde fuera y llevando en todo momento al pobre animalito en línea recta. Y el personal, aburrido y cabreado de tantísimo despropósito, le acabó pidiendo la hora al torero.

Talavante, en la última de las cuatro tardes que se ha anunciado en esta feria, cerró cartel con uno de esos días apáticos que de vez en cuando le entran. Al tercero, rajado y siempre al abrigo de las tablas del 10, no lo quiso ni ver. Empieza faena con un estaturario en el cual por poco se ve arrollado, lo que le hace recapacitar y darle dos ayudados por bajo para posteriormente comenzar, así de buenas a primeras, sin someter al toro ni poderlo antes de nada, toreando sobre la mano zocata, o mejor dicho, trapaceando mientras se quedaba en la oreja y se echaba al toro fuera, a la par que el toro, viéndose en los terrenos de tablas, repetía. Se lo sacó el matador a los medios,  y allí nasti, que el animal no quería nada. Y otra vez se fue Talavante a las tablas, donde no le puso demasiado empeño en sujetarlo y robarle algunos muletazos. Lo siguiente fue espantarle las moscas con poco decoro y hacer un quiero y no puedo absurdo que para algunos pocos no coló, quitándose del medio rápido al marrajo. El sexto, también inválido y descastado, ofreció pocas opciones de triunfo, mostrándose Talavante apático y a disgusto, trapaceando vulgarmente y sin convicción alguna al animalito.




lunes, 12 de junio de 2017

TRIGÉSIMO SEGUNDA Y ÚLTIMA DE FERIA: PETARDO DE MIURA COMO COLOFÓN

Mala, malísima. De las peores que se han lidiado en todo San Isidro, y ya era difícil realizar una "gesta" de tal magnitud. Y cuando encima se trata de una ganadería como Miura, de quien se espera mucho, duele el triple. Pero así las cosas, la corrida de Miura que ha clausurado esta birriosa feria de 2017 ha resultado ser un enorme petardo. Petardo por presentación, pues ninguno lució unas hechuras mínimamente dignas de lucirse en el alberto de Las Ventas.
Petardo por el juego ofrecido: seis borregos completamente inválidos, de los cuales dos volvieron por donde habían salido para ser apuntillados en la oscuridad del mueco, cuan vulgar ternera de carne. Y si los otros cuatro hubieran seguido el mismo camino, nadie hubiese puesto ninguna pega.
Y petardo el que tiró jocosamente, como manda la tradición en estos casos, el famoso Tendido 7 durante la lidia del sexto, y que resumía a la perfección el devenir de la última tarde de abono.

Con estos mimbres aguardando entre las sombras de los chiqueros venteños, trenzaron el paseíllo Rafaelillo, Dávila Miura y Rubén Pinar, y de quienes pueden sacarse conclusiones de lo más variopintas.
De Rafaelillo, que en la tarde de hoy se le vio un poquito más centrado que hace pocos días en esta misma plaza. Al primer inválido hecho novillo le trapaceó con cierta vulgaridad y sin apreturas por el lado derecho, así como que por el izquierdo tuvo grandes intenciones de realizar un conato de toreo, lo cual quedó en la nada a causa del nulo "oponente" que había delante. Al cuarto, también inválido hecho novillo, le pegó muchos pases sin pena ni gloria, hasta que en una de esas el animal se le coló y le propinó un golpe seco en el muslo, por el que tuvo que entrar a la enfermería al finalizar su labor. Después del golpe, trapazos con la mano derecha en uno en uno sin ningún fuste seguidos de algunos desplantes un tanto populistas que enardecieron a la masa. Poco más.

Lo de Dávila Miura fue cuanto menos irónico. Se anunció en Las Ventas tras once años retirado para celebrar el 175 aniversario de la vacada familiar, lo cual le fue agradecido con una ovación de la afición de Madrid al acabarse el paseíllo. Un señor que ya pasa de los cuarenta, retirado y con la vida más que resuelta, que se plante en la mismísima plaza de Madrid para dar cuenta de una corrida nada menos de de Miura, ¡¡de Miura!!, es algo digno de ser respetado. Y el hombre acabó sin dar cuenta de ninguno de sus parientes. Su lote se fue al corral, y fue sustituido por sendos sobreros de Buenavista y el Ventorrillo, respectivamente, que resultaron ser la antítesis de los toros de Miura. Ambos, bien presentados y cumpliendo en varas, tuvieron mucho que torear. El de Buenavista, boyante y sin comerse a nadie; y el del Ventorrillo, nobilísimo y con un punto de casta. Y se fueron sin torear por un Dávila Miura que pegó muchos pases sin pasarse a los bichos a menos de medio kilómetro, ni tener la más mínima intención de realizar el toreo.

Rubén Pinar, simple y llanamente, se estrelló con dos mojones de Miura, inválidos hechos novillos como no podía ser menos, y que dieron auténtica vergüenza. Como toda miurada al fin y al cabo.

Miura cabreó y decepcionó al personal en la última de esta feria de 2017, a la cual ya se ha catalogado desde los sectores del abrazafarolismo oficial como un ferión, la mejor de no sé cuántos años. Pues una de dos, o Simón Casas hace unos bocatas de jamón ibérico buenísimos a los cuales acompaña con el mejor de los vinos, o es que esta gente debería cambiar de camello inmediatamente. Así de bien va esto...

sábado, 10 de junio de 2017

TRIGÉSIMA DE FERIA: LA DE ADOLFO MARTÍN SALE RANA

Grises, y no solo por fuera. Es la lectura genérica que puede hacerse del tremendo petardo que han pegado esta tarde los seis toros de Adolfo Martín, quien no atina a devolverle a su ganadería la casta que le es propia a este encaste. Bien presentada, de bonitas hechuras y mucho más acorde a su prototipo que en otras ocasiones, pero muy suavones, sosos, y descastados. Y duele decirlo de una ganadería que nos ha regalado buenas tardes de toros, pero está este hierro para darse un descanso fuera de Madrid durante un tiempecito no muy corto. Ni le vendría mal, ni nos vendría mal, aquí se necesita CASTA y lo de Adolfo, hoy por hoy y visto lo visto, no la ofrece.
Que se lo pregunten, sin ir más lejos, a Manuel Escribano, tercer espada de la tarde, a quien le correspondió en tercer lugar un toro que ya desde el saludo capotero le avisó de que no tenía muy buenas intenciones. Se empleó el toro en las dos varas que tomó metiendo la cara abajo y empujando, pero llegó a la muleta derrochando sosería y malas ideas. Escribano lo intentó, el toro salía de cada muletazo parado y mirando a las musarañas, cuando no se le colaba al matador. Hizo bien este en no darse demasiada coba y matarlo a no mucho tardar, dejando una estocada trasera.
Con el sexto, volvió a sufrir un achuchón al comenzar la faena, y Escribano se lo sacó pronto a los medios. Allí hubo un momento en el que el toro se desplazaba con la cara abajo, pero tan solo fue un espejismo porque al punto echó el freno de mano y no hubo más que hacer. Mala suerte la de Manuel Escribano esta tarde.

Juan Bautista solamente refrendó lo que muchos ya nos imaginábamos desde hace tiempo: que no pintaba en este cartel nada que no fueran bastos. Le cayó en suerte el único toro con claridad suficiente como para pillarse una chispa toreando. Nobilísimo y de embestida lenta y enclasada, que dicen los fulanos de lo oficial, a Juan Bautista se le atragantó tanta empalagosidad y se esmeró en realizar una faena de trapazos sin fuste y con mucha desgana. Vamos, que se le fue sin torear el bomboncito, hablando en plata.
También sorteó al quinto, ejemplar que debió haber vuelto al lugar de donde salió por lisiado. Faena muyyyyyyyy larga y espesa de muletazos a media altura, para que el pobre bicho no terminara en el suelo. ¡¡Qué emoción!!

Y llegó Ferrera, muy esperado, sobre todo por lo acontecido en este fuero hace dos domingos. Su primero se frenaba en cada muletazo y recortaba mucho terreno. Ferrera, para colmo, le llevó mediante trallazos cortándole mucho el viaje, muy lejos de intentar llevarlo más largo.
El cuarto también se empleó en el caballo, llegando a derribar en la primera vara y llegando a cobrar un buen puyazo de Antonio Prieto en todo lo alto. El toro solo quería tablas, pero Ferrera se empeñó en trapacearlo más allá de la segunda raya, con el resultado de que el toro se iba en cada muletazo. Tardó mucho el torero en darse cuenta de que el toro iba mucho mejor en tablas, e incluso haciendo lo que no hacía en otro lado: repetir y querer tomar la muleta por abajo. Hizo un esfuerzo su matador en las tablas del tendido seis, donde llegó a dejar algunos buenos muletazos con ese estilo tan personal que ha adquirido en los últimos tiempos. Mató de cuatro pinchazos y un bajonazo que buscó a la desesperada después de que le sonara el segundo aviso, más dos descabellos.

Así las cosas, la corrida de Adolfo Martín fue la rana de esta semana denominada "torista" que tan interesante está resultando. ¿Dónde quedó la casta, Adolfo?


viernes, 9 de junio de 2017

VIGESIMONOVENA DE FERIA: ME CUENTAN QUE...

"Te perdiste una mansada que tuvo mucho que torear", me dice un buen amigo cuando cojo el móvil para interesarme por los toros, después de estar toda la tarde fuera de onda. Le sigo preguntando y me cuenta que los toros de Alcurrucén, más el remiendo de El Cortijillo lidiado en primer lugar (tanto monta, monta tanto) fueron toros muy duros de patas que no flojearon en ningún momento, que con alguna salvedad huyeron de los caballos y no se emplearon, y que en la muleta, unos más y otros menos, sacaron sus cosas. "Vamos, que ha sido una tarde muy entretenida", apostilla. Y yo que me lo perdí, resoplo resignado.
Me habla también de la pelea en varas del cuarto de la tarde, el único que se empleó y metió la cara; para luego desarrollar una nobilísima condición.

Sobre los toreros, me dice que El Cid, como nos tiene acostumbrados de un tiempo a esta parte: para echarse a llorar. Y no se detiene más en explicarme por qué, porque sólo basta imaginárselo.
De Joselito Adame, que estuvo mal ante dos bomboncitos que se dejó ir con las orejas puestas y sin ser para nada aprovechados. Otro buen amigo, con el tono jocoso que le caracteriza, comenta que Adame y sus dos tardes esta feria es el precio que hay que pagar de que los toreros españoles saqueen su país en invierno. Cosas de la reciprocidad.
Y luego está el asunto de la Puerta Grande de Juan del Álamo. Se le pidieron las dos orejas del dulce tercero, pero el señor Presidente, y me recalcan firmemente que de forma acertada, no atendió la petición a la segunda. Gran inicio de faena, muy doblándose de forma muy torera y ganando terreno al toro, pero luego el trasteo se diluyó en muletazos templados y siempre con el pico, sin cargar la suerte ni por accidente, muy despegado, y rematándolos allá en la lejanía. "Que no, que así no se deben cortar dos orejas en Madrid", sentencia.
Pero quedaba el sexto, el más encastado del encierro, y de nuevo del Álamo volvió por sus fueros del pegapasismo, un pegapasismo tan despegado que perfectamente podría denominarse algo así como "pegar pases a través de Wi-Fi". Y para culminar, dos bajonazos. Uno, del torero al toro. El otro, del público (que no aficionados), que se encaprichó en que había que sacar a Juan del Álamo a hombros aun siendo a cualquier precio, por cosas del paisanaje, de los Ginc-Tónics, para mañana presumir en el trabajo de que fueron a los toros y vieron vieron un tío salir en hombro, para darle en todos los morros al presidente y quitarle ese afán e querés ser protagonista... Poe lo que fuera, menos porque lo merecía de verdad.

Como colofón, me aseguran que Jarocho estuvo sublime poniendo banderillas. Pues ole por los banderilleros buenos.


miércoles, 7 de junio de 2017

VIGESIMOCTAVA DE FERIA: Y VOLVIERON A IRSE SIN TOREAR

Tuvo que llegar la última semana de San Isidro, y con ella esos hierros de los que dicen que son minoritarios porque no embisten, para que la Feria de San Isidro de 2017 pegara un respingo importante y cogiera en tan solo cuatro días más interés que el resto de la feria entera (salvo las honrosas excepciones de La Quinta, Jandilla y Domingo Hernández). Ironías que tiene la vida a veces. O el jodido Karma, que también puede ser.

Hoy le tocó el turno a los santacolomas de Rehuelga, que ha lidiado cinco ejemplares con romana y caja muy poco propias del toro de Santa Coloma. Corrida grandota y descarada de cuerna, cosa que ha hecho que algunos se llenaran de gloria aplaudiendo de salida tales mostrencos, como si de por sí no nos jodiera cuando los palabreros oficiales del régimen aseguran que en Madrid gusta el toro grande y con muchos kilos. Los mostrencos de Rehuelga han tenido, sin excepciones, mucho que torear. Muy nobles y algunos con su punto de casta, aunque ha habido algún que otro ejemplar que ha pecado de falta de fuerzas. Remendó la corrida un toro de San Martín, el primero, al que machacaron de dos hermosos y nada despreciables puyazos en mitad del lomo, y que llegó al tercio de muerte paradote y muy soso.

El segundo de la tarde flojeó en los primeros tercios y, por ende, el tercio de varas fue puro trámite. Una pena, porque por cómo humilló y por cómo se desplazaba el animal, con un punto más de fuerza hubiera sido un torito de escándalo. Tampoco ayudaron a que el toro se viniera arriba los trallazos de su matador, que no logró cogerle el pulso en ningún momento.

El tercero, manso en el caballo, derrochó mucha nobleza y dulzura. Para hartarse a torear. ¿Ello ocurrió? Pues... Como que no, no sucedió.

El cuarto cumplió en el caballo y además derrochó casta para romperse a torear y reventar Madrid con tan solo veinte muletazos. Hasta que el pobre animal se cansó, y con razón, del pegapases que tuvo delante.

El quinto fue colocado en suerte hasta en tres ocasiones (¡¡gracias Alberto, no sabes cómo se te agradece!!). Se arrancó prontamente y acudió con galope, y una vez en el peto echó la cara abajo y se empleó. Buena pelea en varas de este ejemplar al que Aguilar volvió a lucir citándole a distancia, arrancándose el animal con prontitud y repitiendo con nobleza. Mucho que torear tuvo también este buen toro. Así, a secas, bueno. Solo bueno, pues aunque peleó bien en el caballo, le faltó mayor empuje y picante en el último tercio para llegar a ser un gran toro. Por ello, la vuelta al ruedo posterior se nos antojó a algunos muy excesiva, aunque parte de la plaza la pidiera, por lo menos más que otras vueltas al ruedo que se dieron porque a la presidencia de ese día se le antojó, como a quien se le puede antojar un cocido en pleno agosto o unas torrijas en navidades.

Y el sexto, al que también arrearon en el primer tercio aun sin terminar de emplearse como el anterior, tampoco falló. Muy noble y encastado, con un cortijo en el pitón izquierdo y un Ferrari en el derecho, que al final se acabó llevando para disfrutarlo él mismo en la otra vida. Pues que le aproveche.

Bien los de Rehuelga, pero... ¿Y los toreros? Los toreros bien, gracias. Sin triunfar ante semejante corrida de toros, pero fenomenal. Supongo que a estas horas, ya duchados, cenados y con la conciencia bien tranquila porque el comeorejas de turno ya habrá cogido por banda a Fernando Robleño, a Alberto Aguilar y a Pérez Mota y les dicho que ellos en realidad han estado cunvre, pero que la culpa de que no cortaron orejas fue de los del pañuelo verde, de los protestones, de los talibanes del 7, de la Grada Joven del 6, de Zapatero, de UNICEF, de la UEFA, de Platiní, de Villar, de Florentino Pérez y de la madre que los trajo a todos a España. De todo, menos la realidad: que se les fueron sin torear, que no fueron capaces de poderlos y que a estas horas todavía no saben ni por dónde les vinieron, ni por dónde se les fueron. Y ya está, si tampoco hace falta explayarse más. Simplemente que se les fueron al desolladero con las orejas puestas, y punto.


martes, 6 de junio de 2017

VIGESIMOSÉPTIMA DE FERIA: ¡¡VIVA LA CASTA!!

Casta, palabra que hace referencia a determinado tipo de condición que sacan los verdaderos toros de lidia, y que se caracteriza básicamente por imprimir verdad a la Tauromaquia, por emocionar al que se sienta en la dura piedra del tendido, y en causar descomposición a muchos de los que gastan el chispeante (muy en especial a los figurines esos del se torea mejor que nunca). Casta es lo que han desarrollado algunos ejemplares que esta tarde han salido al ruedo de Las Ventas herrados con una A coronada, divisa azul y encarnada y procedentes de la finca cacereña Las Tiesas de Santa María, donde el gran Victorino Martín Andrés lleva algunas décadas dando culto a eso mismo: a la casta.
Corrida la de Victorino en la que hubo de todo, desde un buey de carreta que tuvo honor de abrir plaza, hasta algunos ejemplares con casta y mucho que torear, tal que segundo, sexto y, sobre todo, el tercero, un ejemplar herrado con el número 20 y que respondía al nombre de Pastelero. Así, como quien no quiere la cosa, uno de los toros de la feria.
Le correspondió la lidia y muerte de Pastelero a Paco Ureña, quien, con firmeza y decisión, fue acoplándose poco a poco al encastado animal en una faena trabajada y que se desarrolló de menos a más. Ureña sacó muletazos con mucha pureza, pero le faltó una rotundidad aún mayor ante tan importante animal para que hubiera sido de triunfo gordo. El desatino a la hora de matar le privó de tocar pelo.
Sí lo hizo Talavante, que cortó la oreja al segundo de la tarde, un buen toro al que le dio algunos buenos muletazos por ambos pitones, además de algunos remates consistentes en molinetes, trincherazos o pases de pecho con el sello propio de belleza que le imprime Talavante, así como unos doblones muy toreros que tuvieron como fin cerrar al toro para la estocada. Pero, al igual que Ureña con el tercero, Talavante realizó una faena de altibajos a la que le faltó ser más rotunda. Como la estocada cayó, nunca mejor dicho, se le protestó una oreja que, de haber sido una buena estocada, no hubiera tenido reproche alguno. Sí los tuvo la actitud apática de la que hizo gala Alejandro con el quinto, un animal descastado que tampoco es que se comiera a nadie, pero con el que se dio poca coba y le espantó las moscas de fea manera. La sensacion fue de que el toro, sin ser una maravilla, permitió haber estado mejor.
Ureña cerró la tarde y su feria ante un toro muy complicado que requería una mano de mucho poder. No la tuvo el torero de Lorca, firme, decidido y con clara actitud de hacer el toreo a verdad, pero muy a merced de un animal al que no consiguió someter y aprovecharse de las quince arrancadas que ofreció el animal.

Diego Urdiales, otrora componente del cartel, simplemente no estuvo. Abrió plaza ante un buey de carreta al cual quiso quitarse del medio en menos que se presina un cura loco tras pasarlo con aire desganado por ambos pitones, sobre las piernas; pero su mal uso de la espada hizo que el asunto se alargara. Fue muy amable al querer lucir al cuarto toro en tres varas y poniéndolo desde lejos, arrancándose el toro y acudiendo con alegría pero realizando una pelea muy discreta. En la muleta, el animal se vino abajo pronto, aunque sí ofreció algunas embestidas para que Urdiales se justificara de otra forma diferente a cómo lo hizo, fuera de sitio, desconfiado y desganado. Muy mala feria la suya.

Así las cosas, nadie perdió de vista ni por un segundo cuanto sucedía en el ruedo. Y es que cuando la casta sale a la palestra, todo interés se concentra en un solo punto: el Toro. Qué está última semana siga, como mínimo, de la forma que a ha empezado.

VIGESIMOSEXTA DE FERIA: LOS BUENOS MOZOS DE LA DOÑA SE VAN SIN TOREAR

Buena tarde de toros, que no de toreros. Y de picadores, ni hablamos. Para no desentonar con la rutina de siempre. Los toros de la Doña tuvieron la mala suerte de cara al ser anunciados por la terna de hoy, incapaz de sacarles partido, de pegarles un muletazo en condiciones, de llevar lidias ordenadas y solventes, de hacer que se les picara con la mínima corrección... ¡¡Qué pena de toros!!, decíamos algunos saliendo de la plaza. Y es que los toros de doña Dolores Aguirre fueron toros duros que murieron con la boca cerrada, se les pegó muy fuerte y de forma pésima en el caballo quedando alguno que otro mermado y a la defensiva, y otros pudiendo demostrar su casta. Todos hicieron buenas peleas en el caballo, tardeando a la hora de arrancarse al peto, sí, pero empleándose con la cara baja y empujando con poder. Luego, en la muleta, cada uno de su padre, de su madre y de lo que el que tenían enfrente quería hacerle lucir.

Rafaelillo, aparte de mal, con una actitud deplorable. Mandó una carnicería en el primer tercio al toro que abrió plaza, y el pobre animal, siempre con la boca cerrada y sin doblar una pezuña, quedó sin recorrido y a la defensiva. Para colmo, Rafaelillo le sometió a una bonita colección de banderazos propios de un sindicalista en día de huelga general, consiguiendo con ello nada que no fueran gañafones. 
No mejoró el asunto con el cuarto en el ruedo, animal que derribó en la primera vara y se empleó en la segunda, llevándose un puyazo fuerte. El toro, en la muleta, solo quería tablas, pero Rafaelillo se empeñó en llevarlo más allá de la segunda raya. Allí el toro sólo duraba medio muletazo metido en la franela, mientras que en tablas el toro embestía considerablemente mejor. Tanto, que hubo un momento en el que el matador le obligó por abajo para volver a sacarlo y hasta hacía el avión, el animalico. Resumiendo la tarde de Rafaelillo, dos toros tapados descaradamente. 

Alberto Lamelas es ese chaval del que llevan meses vendiendo grandes hazañas en Francia, las cuales muchos nos hemos tragado. Pueden suceder dos opciones: una, que lo de hoy haya sido un mal día que se puede tener como todo el mundo lo tiene; o dos, que el hombre no ofrece más de sí. El segundo de la tarde fue un animal que salió sin hacer nada raro, ni doblar las manos, ni tambalearse. Ninguna cosa fea. Pero fue recibir un marronazo en la paletilla y otro en mitad del lomo de parte de David Prados, y el pobre toro empezó a perder las manos y a ser un flojeras. El animal tenía muy buenas intenciones, pero Lamelas no atinó a llevarlo con suavidad en ningún momento, diluyéndose su quehacer en un mar a trallazos, vulgaridad y toreo hacia fuera.
Le correspondió en quinto lugar un encastado animal para romperse a torear y justificarse en Madrid, pero el torero volvió a perderse en esas maneras de cites en la oreja, pico, pierna atrasada y trallazos en línea recta. Para otro día quizás demuestre algo de por qué en Francia es tan idolatrado, aunque como dicen algunos aficionados con bastantes años y unas cuantas tablas a sus espaldas en esto de los toros, cuidadito con Francia, que no es oro todo lo que reluce. ¿Será verdad?

Gómez del Pilar volvió a Madrid algunas semanas después su... Digamos "poco afortunada" confirmación de alternativa. Lote el suyo más que de sobra para irse irse en hombros de la.plaza, y hacer irse toreando calle Alcalá arriba a los aficionados. Un tercer toro nobilísimo y con un punto de casta que tampoco es que pegara bocaos, ni mucho menos. Medios pases del chaval citando prácticamente dando el culo, en algunos muletazos ha corrido la mano despacito y por abajo pero descargando la suerte y con el pico. Y por esto, después de una estocada desprendida y sin mayoría de pañuelos........... ¡¡Efectivamente!! Despojo. No chaval, no le des las gracias a los que han visto en tu faena algo de interés. Las gracias para el señor Presidente y, sobre todo, la banda de orejer.... Digooooooo, a los mulilleros, a los mulilleros, que se lo toman con mucha calma a la hora de arrastrar a los toros cuando hay petición a oreja. Qué curioso, oye.
Con el sexto, también encastado y con mucho que torear, Gómez del Pilar estuvo desdibujado y fuera de sitio de nuevo, sin conseguir someter las buenas embestidas del toro. 

Sí, rompió la corrida de doña Dolores Aguirre. Una excelente corrida de toros, de buen juego en el caballo y fabulosos en la muleta. Enhorabuena pues a los ganaderos, y a seguir en esta línea. La Doña, allá donde esté, puede estar bien satisfecha de la continuidad de su obra. De los toreros y sus correspondientes cuadrillas de picadores y banderilleros está todo dicho: esta noche, a la cama sin cenar. 

lunes, 5 de junio de 2017

VIGESIMOQUINTA DE FERIA: CUADRI SUSPENDE, PEEEEEERO

Lo mismo de los últimos años: Cuadri es otra cosa diferente a lo de hoy. Cuadri es hacer referencia a Podador, a Ribete, a Aragonés, a Poleo, a Trastero, a Comino, a Frijonero o a Aviador, entre otros muchos. Cuadri es una ganadería brava y encastada que está muy lejos de lo lidiado en la vigesimoquinta de San Isidro 2017. Y por todo ello, a nadie se le escapa que la corrida de hoy ha sido una decepción de grandes magnitudes. Ahora bien, si se hace una lectura exhaustiva y analítica de los seis toros, uno a uno, y de las lidias que recibieron algunos, cómo fueron picados, las opciones de lucimiento que ofrecieron y cómo estuvieron los toreros ahí delante, no es menos cierto que de la H tumbada nos hemos comido peores cosas (lo del año pasado, sin ir más lejos), y que en esta tarde ha habido toros que han tenido qué torear y para estar mucho mejor de lo que han estado los señores que lucían taleguilla bordada en oro, muy en especial el señor Fernando Robleño y el señor Javier Castaño. 

El primero fue un pobrecito inválido que tan solo merecía tan importante honor como lo es el ser arrastrado por los berrendos en colorado de Florito, pero que por razones que tan solo el señor presidente conoce, nos lo tragamos entero y sin masticar. Robleño estuvo ahí delante, porfiando con su piquito y sus cites en la oreja, más rato de lo que el animal mereció. 

El segundo, un ejemplar para nada sobrado de fuerzas, cumplió en la primera vara pero le costó un mundo arrancarse en la segunda, en la cual no se empleó. Pedro Iturrialde se lució en este tercio de varas haciendo la suerte de manera simplemente extraordinaria, y plantando dos puyazos en lo alto, aunque la segunda vara se le fue un palmo trasera. También se lucieron con este toro el francés Marco Leal, banderillas en mano, y por supuesto el gran Marco Galán bregando con suavidad y alargando el viaje del toro. Fueron algunas arrancadas por el pitón derecho más que provechosas las que ofreció el animal en la muleta de Castaño, a las cuales este no terminó de acoplarse, haciendo gala de una inseguridad y una falta de ideas irritable. Con la espada, pésimo.

El tercero de la tarde fue una alimaña con muy mala uva, para lidiar y poder más que para torear bonito. Venegas, con coraje y dignidad pero con falta de recursos lidiadores, trató al toro como si fuera una perita en dulce ideal para torear a placer sin inmutarse, aunque otra cosa era que de verdad fuera para ello. Siempre colocándose muy de verdad e intentando el toreo bueno, sufriendo por ello varios arreones y hasta una voltereta. No obstante, resolvió la papeleta dignamente.

El cuarto no se empleó demasiado en el caballo, siendo picado en toda regla y cayendo ambos puyazos en  la paletilla. Pero llegó a la muleta arrancándose con muchos  pies y hasta con cierta casta. Robleño lo llevó rápidamente hacia el tendido 4, y una vez fuera de la segunda raya, compuso una faena de trallazos fuera de sitio y abusando del pico con descaro. Robleño, desbordado por la correosa embestida de su oponente, fue cerrándose cada vez más a las tablas, donde el toro iba más a la defensiva. Más trallazos, más pico y más ratonerías de Robleño en una faena larguísima culminada de un metisaca y un bajonazo. 

El quinto salió metiéndose para adentro y arrebatando el capote a Castaño de una tarascada, por lo que hubo de salir el peón Marco Leal a pararlo con sobriedad, llevándose una merecida ovación por ello. Recibió un fuerte castigo en varas y se empleó con la cara abajo. Marco Leal prosiguió su buen hacer con el capote realizando una brega en la que llevó por bajo en todo momento al animal y le alargó la embestida, mostrando efectivamente que el animal podía valer. Y valió, vaya si valió. Otra cosa es que Castaño esté para muchos trotes. No se comía a nadie el animalito, pero su matador lo trató como si se Satanás hecho todo se tratara. Mantazos desde fuera y sin pararse quiero un momento, fue desarmado en varias ocasiones y de las rayas de picar no salió. Mala tarde, pero que muy mala de Javier Castaño.

Con el sexto en el ruedo, se armó la marimorena en los tendidos. Fue este toro un animal flojo que perdió las manos varias veces durante la lidia y el señor presidente se empeñó en no devolverlo. La gente se enfadó con creces, y más aún tras un caótico tercio de banderillas en el que el toro esperaba, cortaba el viaje y hacía hilo a los banderilleros, que optaron por el lanzamiento de jabalina. Enfado monumental de los aficionados, que lanzaron gritos de "fuera del palco" y hasta algunos insultos impropios de una persona con un mínimo de educación. Pero al final, hubo que callarse, porque el toro se vino arriba en la muleta y ofreció varias arrancadas por el pitón derecho para estar más que correcto con él. José Carlos Venegas estuvo bien, muy bien colocado siempre y queriendo llevar al toro atrás, consiguiéndolo de hecho por momentos, dando algunos muletazos de mucha enjudia y pases de pecho eternos y llevándolo a la hombrera contraria. Con esto, volvió a dejar patente José Carlos Venegas que puede ser un torero de culto para los aficionados por su preferencia por el toreo de verdad. Muy buena tarde la suya ante los toros de Cuadri en Madrid, sí señor.

Unos toros de Cuadri que si bien no fueron ni la sombra de lo que se espera de ellos, sí fueron algunos para estar muchísimo mejor de lo que se estuvo ante ellos. Otra cosa es que los matadores (obviando la buena tarde de Venegas, claro) tuvieran su día. Y es que urge una renovación en el escalafón.

domingo, 4 de junio de 2017

VIGESIMOCUARTA DE FERIA: ME CUENTAN QUE...

"Flor de Jara muy mal", fue el mensaje que recibí ayer noche cuando pregunté por la novillada de Madrid. Muy mal los santacolomas de Carlos Aragón Cancela por inválidos, descastados, mansos y, por ende, no hacer resurgir ni por un segundo aquella casta que hizo grande como ganadero al Excelentísimo señor Conde de Santa Coloma. Viendo pues lo de este año y lo del pasado, tiene mucho trabajo por delante el ganadero para que sus cárdenos sigan emocionando. Se lidió en tercer lugar un sobrero de Dolores Rufino que no mejoró ni muchísimo menos el percal de Flor de Jara.

Pregunto a mis buenos confidentes y amigos por los novilleros, y tampoco me contestan con pétalos de rosa. Que Juan Miguel se llevó un trastazo impresionante en su segundo novillo que heló la sangre al personal, del que afortunadamente salió sin consecuenciad graves aparentes, pudiendo matar al novillo de una estocada defectuosa que no fue impedimento para que el presidente, sin mayoría de pañuelos y sin razones para ello, concediera un despojo.
Sobre Alejandro Marcos, que el hombre se estrelló contra un lote infumable, dejando impronta una vez más en este ruedo, ya en las puertas de la alternativa, que gusta de hacer el toreo por el que en los años que corren algunos se hacen ricos, que no toreros de leyenda.
Y también toreó Ángel Sánchez, aquel chaval que hace poco puso boca abajo Madrid ante un novillo de La Quinta, aunque a algunos aficionados no le terminaran de convencer sus maneras, digamos, modernistas. En la tarde de ayer, ante los novillos de su apoderado, mostró eso mismo: maneras modernistas de pico, trallazos hacia fuera y desde fuera, nada de ajuste, pierna atrás y todas esas bonanzas de la Tauromaquia 2.0 que parecen llevar en serie la inmensa mayoría de los toreros.

Me cuentan, como colofón, que Iván García bregó al sexto novillo con enorme maestría y sobriedad, llevándose por ello la ovación unánime de la tarde; y que Jesús Robledo "Tito" destacó con los palos ante el mismo novillo. Y digo yo, que aunque una tarde sea infumable por diversos motivos, siempre queda algo bueno para el recuerdo.

sábado, 3 de junio de 2017

VIGESIMOTERCERA DE FERIA: SÓLO FALTARON LAS TALANQUERAS

Puerta grande muy pequeña, diminuta. Casi microscópica. Y de plaza de talanqueras. A Ponce se lo llevaron así en hombros por la puerta de Madrid después de derrochar, qué menos negarlo, mucha elegancia y torería durante toda la tarde. Como es él, ni más ni menos. Elegante, fino, bonito... ¡¡Llámese equis!! Pero un elegante, fino y bonito VENTAJISTA. Elegante, fino, bonito, torero, despacioso... Pero pico, pierna atrás, cites fuera de cacho y, en definitiva, destoreo. O eso, simplemente a los ojos de algunos humildes aficionados a los toros que no dejan (dejamos) de verlo así. Y encima, haciendo un uso muy deficiente de la espada. En Madrid, la mismísima plaza de Madrid, Las Ventas, presunta primera plaza del mundo, esta es la importancia que se le da a la Suerte Suprema, que ya de Suprema tiene el nombre y nada más.

Oreja del segundo de la tarde, un flojo ejemplar de Garcigrande con una embestida de ensueño, ideal para que el maestro sacara toda su artillería para dar una de sus lecciones de maestría. Ponce, que estuvo templado toreando a la verónica aunque dando siempre el paso atrás, y dejando para el recuerdo un quite de ensueño por chicuelinas, basó la faena sobre la mano derecha, llevando al toro con muchísima suavidad, elegancia y facilidad, como quien se toma un café; pero embarcando todas y cada una de las embestidas del burel con su archiconocido pico, llevándolo hacia fuera en la mayoría de las ocasiones y sin cargar la suerte ni una sola vez. Y a mí que se me vino a la cabeza esa frase que siempre les esuché a los viejos aficionados: ponerse bonito no es torear. Pero hete aquí, que con esa finura para abusar tan descaradamente de las ratonerías hechas Tauromaquia, se metió el maestro a gran parte de la plaza en el bolsillo, y tanto fue así que el horrendo metisaca y la estocada caída no fueron impedimento para que se cortara el primer despojo.
Con media puerta grande de las pequeñitas abierta, se abrió la puerta de toriles para dar salida al cuarto, un animal sin grandes alardes de hechuras pero muy cornalón y descarado de cuenta, cosa que desató la ovación en los tendidos  (si por cosas así se dice de la afición de Madrid que adora el toro grande, ande o no ande, y con mucha cabeza, la mala fama la tenemos muy bien ganada, desde luego). No fue el cuarto la perita en dulce que permitió a Ponce estar a gusto un rato antes, pues este fue un toro que se movió con más carbón y tirando derrotes en respuesta a los trallazos a media altura a los que Ponce le sometía con su famoso pico. Lo sobó mucho y basándose de nuevo en la mano diestra. Muletazos a media altura, muchos enganchados, otros limpios pero hacia fuera, citando desde la lejanía. Pero de nuevo la estética volvió a imperar sobre todo. Ponce fue cada vez acortando más las distancias hasta llegar a dejar que el animal le lamiera la taleguilla, y pegar así muletazos de uno en uno que tuvieron el mismo corte de elegante destoreo. Después, un nuevo pinchazo más media estocada tendida y desprendida que tumbó al animal. Y la locura. Petición de oreja ni mucho menos mayoritaria, que cuando ya todos pensábamos que había obrado la razón al empezar las mulillas a arrastrar al toro, el pañuelo blanco asomó de la barandilla del palco y se armó la gresca. Dos orejas, una y una, por faenas que gustarán más o gustarán menos, pero después de no matar a ninguno de los dos toros medianamente en condiciones. Y la segunda, sin oeticion mayoritaria. Como en una plaza de talanqueras en cualquier pueblo durante sus fiestas, donde todo vale y no se mira nada. Madrid, denostada una vez más. Tan así está la plaza, que a David Mora le tributaron sendas ovaciones al terminar sus quehaceres, consistentes en dejarse ir a dos animales de Garcigrande que tenían que torear. No merece la pena explayarse más en la tarde de Mora.
Tampoco lo merecería la tarde de Varea, confirmante de alternativa, si no fuera porque así, de buenas a primeras, sorteó uno de los toros de la feria. Fue el sexto, Granaino de nombre y herrado con el número 60. Un toro que empujó metiendo riñones y con la cara abajo en los dos encuentros, hasta el punto de cabrearse la parroquia porque a su matador no le dio la real gana ponerlo por tercera vez en suerte. ¿Se puede tener menos afición? El toro, con dos puyazos bien pegados, llegó a la muleta con mucha casta y arrancándose como un tren. Varea, simple y llanamente, no supo ni por dónde meterle mano en ningún momento. Trallazos citando no desde Manuel Becerra, como se suele decir, sino desde la otra punta de España. No hubo ajuste, no hubo acople, no hubo claridad de ideas del matador, no hubo actitud... No hubo nada de nada, tan solo un gran toro embistiendo con casta y emoción que se comía a su descompuesto matador. Ovación cerrada para Granaino, que no merecía menos. Con el toro de su confirmación, el cual iba y venía sin maldad ni poner en aprietos a nadie, volvió Varea a da una paupérrima imagen, sobre todo con el descabello, dando hasta lugar a dudas de si sabe siquiera cómo se agarra. Hasta ocho, quizás nueve e incluso diez, porque perdí la cuenta, golpes con el verdugillo CON EL TORO SIN DESCOLGAR. Y, por si fuera poco, desentendiéndose de la lidia durante toda la tarde, tanto en sus toros como en el de sus compañeros, desocupando en todo momento su sitio en la plaza y yendo a por uvas cuando se precisaba hacer el quite. Varea, ¿a ti de dónde te han sacado? ¿Quién ha sido la mala pécora que te ha engañado para que te dediques a algo que se ve que no es lo tuyo?

¿Y de la corrida de Garcigrande, qué decir? Pues que Garcigrande, hay que reconocerlo y además se reconoce con sinceridad y sin reparos, echó una corrida que tuvo mucho que torear. Desigualmente presentados, algunos con buena planta, otros chicos e impresentables. Pero todos ellos sacaron nobleza suficiente para cortar orejas, y algunos, como el cuarto o ese gran sexto, hasta CASTA. Otros, flojitos y muy aliviados en el caballo, iban y venían con dulzura y sin hacer extraños, modelo ideal del torito moderno.

jueves, 1 de junio de 2017

VIGESIMOSEGUNDA DE FERIA: ME CUENTAN QUE...

Ay los toritos artistas, tan minuciosamente seleccionados mediante la genética y tan cariñosamente criados durante casi cinco años para que después se pueda crear jarte, estar a gusto, disfrutar una barbaridad, torear como nunca se ha toreado y demás parafernalias propias de la Tauromaquia 2.0. Y el resultado de todo esto se condensa en espectáculos antitaurinos como el que han vivido los pobres infelices que se han dejado caer por Las Ventas para presenciar el festejo de esta tarde. Así me lo cuenta un buen amigo, quien, cuando le pregunto por las cosas lidiadas por Juan Pedro,  su contestación me recuerda a ET cuando decía "mi casa, mi casa": "chotooos, chotooos, eso eran chotoooooos".
Pues bien, chotos. Chotos, con el antiguo hierro del Duque de Veragua ahí plantado en la nalga derecha para más INRI, flojuchos y de puro trámite en varas, aborregados perdidos y desesperadamente descastados y atontados. Cinco chotos de Juan Pedro, siendo exactos, más un remiendo de Juan Manuel Criado que, a la postre, fue el menos malo de los seis, cayendo en manos de Cayetano en quinto lugar.

Chotos artistas, de Juan Pedro Domecq, para los dos guaperas del escalafón. Chotos comoditos y sin el más mínimo alarde, no fuera a ser que esos bellísimos semblantes les cambiara a los dos por tener un Toro de verdad cada uno delante, y a tomar por saco el dinero de muchas entradas de hoy.
A Manzanares, con todo su porte, todo su bello estilo, toda su esbelta figura, su forma de componer la figura, su colocación a veinte metros de los chotos, su (des)toreo hacia fuera y el hermoso bajonazo que pegó al cuarto toro como guinda al pastel, le fue dedicado el famoso Buuuuuuum, petardo. 
De Cayetano me cuentan que, además de tener en sus filas a un banderillero de lujo como lo es Iván García, ha derrochado naturalidad y torería, y hasta detallitos de calidad esparcidos en pequeñas dosis por el ruedo. Pero que torear, lo que se dice torear... Muy despegado, para que no se le manchara el precioso terno azul que gastaba se conoce, acompañando la embestida y rematando afuera los muletazos usando de forma descarada el piquito. "Es que si le comparamos con el hermano, este torea como Dios", me dice alguien. Y si mi tía tuviera dos ruedas y manillar, sería una bicicleta supongo. Ay...
Confirmó la alternativa Joaquín Galdós, quien como novillero, siendo muy cacareado por los amos y señores del mundo del toro como el paradigma del toreo, mostró en diversas ocasiones en esta plaza que lo suyo no es ser torero. Pues bien, en la tarde de su confirmación, lo ha ratificado. "Le viene grande esto de torear", me comentan. Nada nuevo bajo el Sol.

Y las últimas letras juntadas hoy, sirvan de homenaje a un gran torero que ha tenido que cambiar el oro por la plata, en un último episodio de injusticia, podedumbre, sinrazón y, sobre todo, mucha mala leche y mucha incompetencia por parte de quienes mandan aquí. El mundo al revés, los pegapases y los malos toreros copando los carteles de todas las ferias de España, parte de Francia y del otro lado del Charco, mientras el escalafón de oro pierde a los buenos toreros. Ojalá Sergio Aguilar gaste la plata tan bien como gastó el oro, y lo podamos disfrutar durante muchos años. Larga vida a Sergio Aguilar.

VIGESIMOPRIMERA DE FERIA: ME CUENTAN QUE...

Tarde de campanillas, de figurines y de cartel de "No hay billetes". En consecuencia, tarde de nivel Se torea mejor que nunca, rebajas, despojos, isidros, aplausos por todo, bajatú por dóquier, gritos de bieeeeeenjjjjj, las reservas de gin-tónic agotadas... Qué divertido, y yo que me lo he perdido. Menos mal que siempre quedan los buenos amigos que le ponen a uno al corriente de todo y, además, hlaay que reconocer que la mar de bien. Hoy, de los toros de Victoriano del Río, me han contado que fue una mansada del copón, muy cuidadita en varas, y más que aceptable paraponerse a torear. Toros "muleteriles", que dice un buen amigo, de los que no se tienen noticias en los primeros tercios, pero en la faena de muleta sirven.
Miguel Ángel Perera ha sido agasajado con una orejita por una faena a su estilo de cites al hilo, trallazos hacia fuera y pierna escondida. Al menos, me dicen, mató muy bien.
Despojo también a Roca Rey, por faena de similar corte de toreo 2.0 al marrajo tercero en la puerta de toriles, y con golletazo incluido. Pues sí que está amable la parroquia, digo yo.
Amabilidad de la cual Lopez Simón, una vez más en esta feria, no ha sabido valerse, ofreciendo de nuevo una imagen paupérrima y de torero incapaz ante dos toros que tenían orejas que cortar. Pésima, muy pésima la feria que ha echado López Simón, de quien algunos corrillos de aficionados declaran sin tapujos que, en estos días, bien ha devuelto aquellas cuatro puertas grandes con tanto mérito que no fue capaz de dar un muletazo. ¿Acaso esperábamos que este muchachito, una vez le saliera algo de toro y no se dejara coger, iba a ser poco menos que la reencarnación de Belmonte?

Aplaudidos por unanimidad en esta tarde algunos toreros de esa plata bordada en oro: Tito Sandoval, que le plantó dos picotazos al quinto como mandan los cánones. Picotazos, sí, pero haciendo la suerte y colocando la vara en todo lo alto. Además de Curro Javier con los palos, y ese gran banderillero que es Javier Ambel, que estuvo colosal con el capote.

martes, 30 de mayo de 2017

VIGÉSIMA DE FERIA: ME CUENTAN QUE...

Llamo por teléfono para interesarme por la tarde de hoy, y me hablan de tedio, de hastío, de saldo ganadero, de descaste, de borreguez y de todas esas cosillas, a decir verdad, tan poco habituales en los toros. Así ha sido la segunda novillada de San Isidro, a su vez vigésimo festejo de abono: un petardo con calibre de guerra.

Seis novillejos de Montealto tuvieron la culpa. Por estar rematadamente mal presentados, por chicos, por caras poco ofensivas y hasta algún que otro pitón que ha puesto a calibrar a los mal pensados (piensa mal y acertarás); por malos, por sosos, por borregos, por bobos, por descastados y, a fin de cuentas, por ser el antitoro de lidia. Quizás, válidos para la cosa esa que hacen llamar mejor toreo de la historia, pero no para otra cosa.

Preguntando por la terna de novilleros, alguien me cuenta que seguramente ninguno se va a ganar los cuartos en esto. Otro buen amigo me habla de que pueden estar tranquilos Julián y compañía, que por aquí no hay nadie les vaya a dar la pertinente patada en el trasero para quitarles de ahí. Y hay hasta quien me hace llegar que tuvieron una disposición los tres de como si ya fueran unos figurones y tuvieran todo hecho en esta profesión. Sobre Leo Valadez, que es un chaval que no se pone en el sitio, que destaca por su ventajismo y que carece del más mínimo temple y la más mínima torería. De Diego Carretero, que le cayó en suerte el melocotón en almíbar que hizo de quinto (melocotón por la capa, almíbar por su edulcorada comportamiento), resultando su quehacer acelerado, destemplado, pegapasista y aburrido.
Y Andy Younnes, francés que ha hecho el paseíllo esta tarde con la montera en la mano, además de pesado como cenar un cocido maragato, no deja de ser uno más en eso del toreo 2.0.

Sálvese quien pueda...

lunes, 29 de mayo de 2017

DECIMONOVENA DE FERIA: ME CUENTAN QUE....

Y aunque el cartel de toreros no pintaba mal, la sola idea de que hoy en Madrid se lidiaba una corrida de José Luis Pereda - La Dehesilla, me ha despertado tantísima pereda, que casi que mejor me he quedado entre libros y folios garabateados sacando la provecho al tiempo.
Y, por lo que me cuenta la buena gente de siempre que ha ido hoy a la plaza, hasta he acertado y todo de gastar mi tiempo en otra cosa. Porque lo de Pereda, que ya llevaba algún tiempo sin aparecer por este foro, no ha desentonado para nada de lo que nos lleva acostumbrando desde hace la mar de años: toritos flojos, bobalicones, descastados, sin picar, y haciendo que la emoción brillara por su ausencia. Lo de siempre cuando lidia Pereda. Lo de siempre en esta feria, salvando alguna que otra honrosa excepción. 

El cartel de toreros, pues sí, con alicientes: Morenito de Aranda sabe torear, Fandiño... Fandiño, y el joven Gonzalo Caballero, en quien hay muchas ilusiones puestas dado el buen concepto que dejó como novillero. 
Morenito, que se ha dado de bruces contra un lote lisiado, y ante el cual ha estado aliviado, dejando algún detalle de su sello propio.
Que Iván Fandiño, a lo suyo. Apático, sin convicción, fuera de sitio, pegapases y aburrido. El segundo iba y venía, pero al bajarle la mano al único sitio donde iba era al suelo. El quinto tuvo tranco y más pies, pero su matador no le cogió el pulso. 
Y Gonzalo Caballero, que ha dejado dos estocadas formidables a sus toros. Por lo demás, poco más que reseñar. De puntillas ante el descastado y rajado tercero, y mostrando una falta de oficio propia de quien torea poco ante el sexto, a quien le atribuyen ser el menos malo del festejo. Tuvo qué torear este ejemplar también, y además recibió castigo en varas por sus restantes hermanos, pero Caballero, firme y decidido aunque con maneras más propias del toreo 2.0 que de las que recordaban a sus tiempos de novillero, no logró acoplarse. Dio una vuelta al ruedo al ser arrastrado el sexto.

Como apunte final, un buen aficionado y amigo me comenta que, después de lo visto esta tarde, está lo de Pereda para una barbacoa. Tampoco es algo que nos pille de imprevisto, la verdad. 

domingo, 28 de mayo de 2017

DECIMOSÉPTIMA DE FERIA: ESPERPENTO MONUMENTAL

Esperpento por todos los sitios por los que se mire. Esperpento de corrida la de El Torero, de quien francamente se esperaba más, pero que ha mandado a Madrid una corrida de pésima presentación por fea, destartalada, grandota y, además, inválida perdida. Y, como para colmo de males, el señor presidente se debió de olvidar el moquero verde en casa, pues a tragarse saldos tetrapléjicos de veinte en veinte. Qué desastre.
A la corrida le faltó todas esas ricas cualidades que se le presumen al Toro, como lo son fuerzas, poder, pies, casta y fiereza, además de vista óptima al quinto toro; y les sobró borreguez, nobleza y tontuna, tanta como para llegar a creerse que Emilio Muñoz es torero de Madrid.

Mala suerte para quien confirmaba alternativa, el joven Francisco José Espada, que se llevó un tremendo golpe matando al toro de su confirmación de alternativa y fue evacuado a la enfermería, de donde no salió, con una fuerte conmoción. Antes de ello no pasó de discreto ante un animalito que iba y venía sin gracia ni maldad. Se le desea mucha fuerza y pronta recuperación.

Actuó como maestro de ceremonias Joselito Adame, mexicano que colecciona, según la prensa especialista y los voceros a sueldo, grandes hazañas en esta plaza. Esta tarde no fue menos, claro, pues se llevó una despojo tras una actuación de esas calificadas como cunvre. ¿Su mérito? Tirarse a matar sin muleta al sexto. Así, tal como suena. Y sin vaselina. Faena de trallazos hacia fuera, con la patita escondidita y citando desde el Pirulí. Y, salvo los pertinentes gritos de  biiiiiiieeeeeeennnnjjjjjjjjjj
y jaaaaandaaaaaaaaa que le tributaban sus allegados desde el callejón, y los cuatro vítores que le dedicaban sus más acérrimos partidarios desde el tendido, poca gente más le hizo el mínimo caso. Hasta que, una vez cuadrado el toro para ser estoqueado, soltó el trapito rojo y sin él que se tiró a matar en un gesto circense que poco, o mejor dicho NADA, tiene que ver con el toreo. Por mucho que no sea el primero en hacerlo.
Ante sus otros dos oponentes, faenas calcadas y de similar corte. Solo que el tremendismo que tanto gusta a los públicos no afloró, y nadie le tomó en cuenta a la hora de agasajarle. Lo dicho: esperpéntico.

Volvía Ginés Marín dos días después de su apoteosis en esta plaza, y como tal, se le esperaba con expectación. Pero la expectación se tornó en desilusión y frustración una vez dio cuenta de su lote. Su primero apenas podía sostenerse en pie, y la cara del chaval después de mandarlo al desolladero dejaba la impronta de un fuerte mosqueo. El señor presidente no anduvo fino, pero el chaval no quiso dejar de cuidarlo en el caballo y tanto él como sus banderilleros lo llevaron muy aliviado durante la lidia para evitar las caídas y, por consecuencia, la devolución. Igual es que algunos pecamos de mal pensados, pero no cuela, no. Ante este inválido, por lo poco que dejó entrever, dejó retazos de su personalidad y un toreo que quiere ir hacia adentro.
El quinto pareció tener problemas en la vista, y eso hizo imposible cualquier manera de lucimiento ante tal animal. Inédito Ginés de nuevo, dando así por concluida su exitosa feria. Es uno de los candidatos para ocupar la vacante del día 17 de junio en la Corrida de la Cultura. Suerte.

Una tarde que podía haber tenido interés, por toros y por alguno de los coletas, acabó siendo un aunténtico esperpento. Por toros, por despojos, por espectáculos circenses, y porque en definitiva aquí ya todo vale. Pero oiga, que si alguien se queja, ese osado va a los leones por reventador y por mar afisionao. 


sábado, 27 de mayo de 2017

DECIMOSEXTA DE FERIA: CUANDO APARECE EL TORO...

El Toro, que no el medio borreguito que da más lástima que miedo. El Toro que, con su gallarda presencia en el ruedo, despierta la admiración de los aficionados con tan solo contemplar su pavorosa belleza. El Toro noble, faltaría más, pero noble y con casta que saca lo mejor de sí cuando se le hacen las cosas bien, y se aburre y protesta cuando el que tiene delante es un pegapases; no el noble bobo y pastueño que se lo traga todo, hasta si le dicen que un buen día llegó Emilio Muñoz y cortó una oreja en Madrid.

Cuando aparece el Toro, ese Toro, se rompen todos los esquemas. El interés acapara el ruedo, el aburrimiento se esfuma, los vendedores de pipas se maldicen, y los aficionados hastiados de tanto engaño y fraude se guardan las protestas y claman "Aleluya, hay toro". Y en consecuencia, los pagafantas de la caja tonta/portales/papeles/ondas se desconciertan porque los reventadores aplauden. ¡¡Qué cosas!! Es lo que tiene que el Toro aparezca, porque es lo que el aficionado, al fin y al cabo, busca. Y apareció el Toro en la decimosexta de San Isidro, herrado con la estrella de seis puntas y la divisa azul que le es propia a Jandilla.

Corrida la de Jandilla que vino a Madrid magníficamente presentada, con ejemplares que cumplieron en el caballo, aunque midiéndose mucho el castigo a más de uno; y que por si fuera poco, tuvo muchísimo que torear. El garbanzo negro fue el inválido quinto, el cual bajó la presentación, y que volvió por donde salió casi a última hora. Lo sustituyó un sobrero de Salvador Domecq que, desde luego, no fue menos que los de Jandilla. Para dar cuenta de su lidia y muerte, Francisco Rivera Ordónez, Sebastián Castella y López Simón, en el marco de una tarde de gente guapa, famosos, ginebra y cubalibres a cientos corriendo por los tendidos, aroma a Chanel y, en definitiva, tarde de mucho glamour. Y es que hoy no era una tarde cualquiera en la Historia de España, la España del Sálvame, los hombres, las mujeres y viceversa; el Tomate, la Luisma femenina hecha princesa del pueblo, y toda esa farándula propia de Telecirco. Y es que, hoy se despedía de la Plaza de Madrid el señor Francisco Rivera Ordóñez, icono de esa España negra que tanta vergüenza ajena da. Abrió plaza un animalito que cumplió en varas y se llevó un primer puyazo en toda regla, quedando suavón y noble para torearlo a placer. Torear, eso que el que se despedía hoy de Madrid lleva siglos sin hacer, y eso si alguna vez lo hizo. Símil en el cuarto, un toro que también recibió cera en el caballo, repuchándose, y que regaló sus veinte arrancadas metiendo la cara de lujo, hasta que se aburrió del pegapases que tenía enfrente y dijo "hala por ahí".
Aur revoir Francisco, tu mejor faena ha sido esta: irte. Gracias.

Otro protagonista de la tarde fue el segundo, llamado Hebrea y herrado con el número 94 en el costillar. Un toro para soñar el toreo, nobilísimo y dulce como la miel, que cumplió en varas, sí, pero yéndose de los dos encuentros con dos hilillos que dejaban en evidencia lo poquísimo que se empleó el picador metiendo el palo. Vamos, que sin picar. Castella tuvo el buen gusto de citarlo dándole distancia y luciendo la buena galopada del toro, que repetía como un tren y sin hacer gestos feos ni tirar un derrote. Apto para paladares enamorados de lo dulce, e incompleto para aquellos que gustan más del picante. Por ello, porque no fue picado, y porque muchos todavía siguen,  seguimos, creyendo en la tercera vara como algo que sí importa para medir el verdadero potencial de un animal bravo, se hace excesiva la vuelta al ruedo. Castella, simplemente, fue Castella, y sólo una media estocada trasera le privó de dos orejas. A buen entendedor...
Pero, hablando de picante, a los que gustan de tal condición en un toro de lidia les aguardaba en los chiqueros el primer sobrero, de Salvador Domecq. Se lidió en quinto lugar, y derrochó las dificultades propias de la casta. Toros así también emocionan, y mucho. Un animal para poder, para ahormarlo de forma vistosa y luego romperlo por bajo en una faena corta. Pero Castella volvió a ser Castella, así como es él, trapacero por arriba, a veces por abajo, hacia fuera siempre, acortando mucho las distancias... Haciendo en definitiva al toro peor de lo que fue, y haciendo como que él quedó por encima por una faena de bragueta. Castella....

Y cerrando cartel, Alberto López Simón. Sí, el de las cuatro puertas grandes sin pegar un mísero muletazo, ese mismo. Un tercero que también derrochó nobleza y un punto de casta, y con las orejas hablando al matador incitándole a cortarlas. Simón hizo lo que buenamente sabe, ni más ni menos: pegar trallazos de forma vulgar. Nada diferente en el sexto, otro toro también que regaló algunas embestidas con emoción que, cómo no, fueron tiradas al WC por un torero perdido, vulgar, apático y sin saber ni por dónde meterle mano a los toros. Y suena duro decirlo, pero le tienen que enganchar los toros para que le echen cuentas y le jaleen. Porque si es por torear, este torero tiene los días contados en las ferias.

La de Jandilla tuvo emoción y mucho que torear. Buena corrida, preciosa e imponente, que tuvo algunos ejemplares encastados. Lo de alguien que les saquen partido, ya si eso para otro día.



jueves, 25 de mayo de 2017

DECIMOQUINTA DE FERIA: ME CUENTAN QUE...

Saturado de tanto libro, me tomo la licencia de darme un respiro, a eso de las nueve y veinte de la noche, y aprovechar para conocer el percal de esta tarde en Las Ventas. Y me encuentro de sopetón con la primera Puerta Grande de la Feria. La del confirmante de alternativa Ginés Marín, quien ha cortado las dos orejas al sexto de Alcurrucén.
Ante tan halagüeños comentarios que me hacen llegar los buenos aficionados con los que tengo la gran suerte de codearme, me falta tiempo para lanzarme a la caza y captura del vídeo en las Redes. Y, aunque casi muero en el intento, por fin lo consigo y puedo ver la faena de Ginés. La verdad es que se ha podido apreciar que el chaval ha mostrado en la tarde de su confirmación en Madrid un concepto del toreo muy a tener en cuenta, dando unos naturales extraordinarios y dejando en el ruedo un aroma de torería y verdad con esa mano izquierda como la que apenas se tiene hoy en día. Enhorabuena, y a seguir progresando.

También se hablaba que esta tarde el Juli ha estado en Madrid mejor que nunca. A lo que un gran aficionado de Madrid, con unos cuantos años ya a sus espaldas y muchas andanzas y vivencias en la plaza de Madrid, me contesta: "Si yo llego hoy y te chapurreo como buenamente puedo cuatro palabrejas sueltas en japonés, quizás alucines en colores y me des una palmadita en la espalda diciéndome qué bien, lo que no significa que hable japonés a las mil maravillas". No hay más preguntas señoría. 

En esta tarde de doble confirmación de alternativa también hizo lo propio otro jovenzuelo del que también se cantan grandes virtudes, Álvaro Lorenzo. Buenas maneras serán, nadie dice lo contrario, pero entendiéndose que lo de "buenas maneras", en el argot dospuntocero, se corresponden a los cites perfileros, al pico, al toreo lineal, y a las faenas excesivamente laaaaaaargas. 

Los toros, de Alcurrucén, justitos justitos pero que muy justitos de presentación y muy poco castigados en el caballo, se han prestado al toreo y han tenido sus cosas más que de sobra para torear. Algo es algo.